La isla inglesa donde la reina Victoria encontró su paraíso privado guarda también la memoria de dinosaurios, poetas victorianos y un rey atascado
Frente a la costa sur de Inglaterra, separada del continente por el estrecho de Solent, una isla pequeña, pero de una belleza sorprendente, se alza sobre el agua como uno de los destinos más interesantes de Reino Unido. Su costa alterna tramos radicalmente distintos, pues mientras la costa norte es más resguardada, la costa sur es salvaje, expuesta a los vientos del Atlántico que entran por el Canal de la Mancha, con acantilados que caen sobre el mar y playas casi sin urbanizar. Desde el continente, la conexión en ferri desde varios puntos es muy fácil, pero además goza del único servicio comercial regular de aerodeslizadores de pasajeros que sigue operativo en el mundo.
Sin embargo, esto no es lo más conocido de su territorio, sino su festival mítico. La primera edición se organizó en la isla en 1968 para recaudar fondos para una piscina municipal. Jefferson Airplane actuó ante 10.000 personas en una granja cerca de Godshill y nadie en el lugar imaginaba que aquello iba a convertirse en el epicentro de la contracultura británica. Descubierta primero por la música y después por su belleza, hace tiempo que la isla dejó de ser solo un destino de vacaciones para los veraneantes del sur de Inglaterra y se abrió al mundo en una promesa de clima agradable, paisajes de postal y un pedacito de historia del país.
LA ISLA DE LOS DINOSAURIOS
Mucho antes de que ningún festival pusiera la isla en el mapa, el lugar ya era conocido entre los paleontólogos con un apodo: Dinosaur Island. La isla de Wight es la fuente más rica de restos de dinosaurio de Europa. Hace unos 125 millones de años, esta costa era una serie de lagunas fangosas donde aquellos animales dejaron sus huellas en el barro y sus huesos fosilizados. Cuando el mar erosiona los acantilados blandos de Compton Bay, los restos caen con frecuencia a la playa, lo que ha dejado hasta el momento un registro de más de 20 especies diferentes, algunas únicas de este enclave.
Compton Bay se conoce como uno de los yacimientos más importantes de la isla y goza de reconocimiento global para los estudiosos de la paleontología del Cretácico Temprano. Los mejores momentos para buscar son tras los temporales, cuando la erosión libera material fresco. En 2024, en esa misma playa, Nick Chase encontró el esqueleto más completo de dinosaurio hallado en el Reino Unido en este siglo, un gran herbívoro que fue bautizado Comptonatus chasei en su honor.
EL PARAÍSO PRIVADO DE VICTORIA
La reina Victoria y el príncipe Alberto compraron la finca de Osborne en 1845. Allí crearon una residencia privada lejos de la vida cortesana, donde la reina encontró refugio durante más de 50 años, ya fuera para recibir a la realeza extranjera y a diferentes ministros o para encontrar consuelo tras enviudar en 1861. El precio fue de 28.000 libras, pero la casa existente era demasiado pequeña, lo que llevó a demolerla. Fue el propio príncipe Alberto quien diseñó la nueva al estilo de un palazzo renacentista italiano, influido por su recuerdo del golfo de Nápoles. El encargado de su construcción, Thomas Cubitt, fue el mismo que levantó la fachada principal del Palacio de Buckingham.
Victoria describía la propiedad como "este pequeño paraíso junto al mar" y anotó en su diario que era imposible imaginar un lugar más bonito. La multitud que se agolpaba ante el Pabellón Real de Brighton para espiarla a través de las ventanas la había empujado a buscar un refugio más apartado, y en la era victoriana la isla se convirtió en destino de moda simplemente por la frecuente presencia de la reina en Osborne. Victoria murió allí el 22 de enero de 1901 y, tras su muerte, Eduardo VII donó la propiedad a la nación. Tras ello, esta fue utilizada como colegio naval hasta dos décadas después, y las habitaciones privadas se abrieron al público en 1956. Hoy, gestionada por English Heritage, conserva intactos los aposentos donde murió la reina, la bañera personal y las estancias de Alberto tal y como las dejó en vida.
A PIE POR LA ISLA
La Isla de Wight tiene 113 kilómetros de sendero costero señalizado que la rodea por completo —un Camí de Cavalls menorquín a la inglesa—, el Isle of Wight Coastal Path, con inicio oficial en Ryde. La mayoría de los caminantes completan el recorrido íntegro en períodos de cuatro a siete días, aunque el camino está diseñado para hacerse también por tramos. El paisaje cambia radicalmente según la orientación, pues la costa norte, más tranquila, mira al Solent y a los ferris de Southampton; sin embargo, la costa sur enfrenta el Canal de la Mancha con acantilados apenas sin urbanizar.
El tramo más emblemático es el Tennyson Trail, que cubre 23 kilómetros desde Carisbrooke hasta Alum Bay, cruzando Brighstone Forest, Mottistone Down, Compton Down y Tennyson Down. A lo largo de la cresta, con vistas sobre la isla y el mar en ambas direcciones, el camino pasa junto al monumento de granito en honor a Tennyson, erigido en el promontorio donde el poeta paseaba cada día, y termina en los acantilados de colores sobre la bahía de Alum Bay, con The Needles al frente. También es posible conectar Carisbrooke Castle con Farringford House en una misma jornada, recorriendo a pie los lugares donde vivieron el rey preso y el poeta laureado con un tramo de cresta entre medias.
CARISBROOKE Y EL REY ATASCADO EN LA VENTANA
Sobre una colina que domina Newport, Carisbrooke Castle acumula más de 1.000 años de historia como eje de poder y defensa en la isla. Primero fortaleza sajona, luego castillo de la conquista normanda y finalmente remodelado durante la Edad Media; su episodio más conocido es la reclusión de Carlos I a lo largo de 14 meses durante la Guerra Civil, poco antes de su ejecución.
Su alojamiento era confortable y su trato considerado, pero eso no evitó que dejase de conspirar para reanudar las hostilidades, tratando de fugarse dos veces más, aunque ambos intentos fueron fallidos, uno de ellos porque quedó atascado entre los barrotes de su propia ventana. Tanto la cámara del rey como la ventana que protagonizó el episodio se conservan a día de hoy para que los visitantes puedan imaginar de primera mano la escena. Sin embargo, los que se asoman al castillo tienen muchas otras atracciones que admirar, como los burros residentes que accionan la rueda del siglo XVI para extraer agua del pozo, a 49 metros de profundidad, y que siguen haciéndolo en demostraciones diarias.
TENNYSON Y LA HERENCIA LITERARIA
El extremo occidental de la isla fue un lugar amado por Alfred Lord Tennyson, el poeta laureado de la era victoriana, durante la segunda mitad de su vida. Su presencia persiste en Farringford House, su hogar cerca de Freshwater Bay durante más de 40 años, donde entretuvo a artistas, intelectuales y realeza. Tennyson descubrió la isla en 1846, cuando rodeó en barca Los Needles durante una visita, y regresó años después buscando una casa familiar donde trabajar con tranquilidad. Cuando vio Farringford, su mujer Emily anotó en su diario: "Debo tener esa vista", y Tennyson respondió: "No iremos más lejos; este ha de ser nuestro hogar".
En esa residencia escondida no solo recibió a visitantes a la altura de Lewis Carroll, Edward Lear y Henry Longfellow, sino que también escribió algunas de sus obras más conocidas: Maud en el desván, Enoch Arden en el jardín de verano e Idylls of the King en la biblioteca. Cruzando la barra, uno de sus últimos poemas, fue escrito durante una travesía entre el continente y la isla. El promontorio donde paseaba cada día lleva hoy su nombre, pero lo cierto es que la lista de escritores vinculados a la isla es larga: Charles Dickens pasó un verano en Bonchurch en 1849 y dijo que era el lugar más bonito que había visto; John Keats comenzó Endymion en Newport y Karl Marx visitó la isla en 1874, describiéndola como "un pequeño paraíso".
LOS NEEDLES Y LA COSTA SUR
El icono visual de la isla son Los Needles: tres pilares de tiza blanca que se elevan unos 30 metros sobre el mar en el extremo occidental, coronados por un faro rojo. El nombre viene de una cuarta aguja —una roca esbelta de unos 37 metros conocida como Lot's Wife— que se derrumbó en el mar durante una tormenta en 1764 con un estruendo que, según los testimonios de la época, se oyó a muchos kilómetros de distancia. Los Needles forman la punta occidental de una dorsal de caliza que en su momento conectó la isla con el continente, concretamente con Old Harry Rocks en Dorset, a unos 30 kilómetros.
Junto a ellos, la bahía de Alum Bay tiene unos acantilados de capas multicolores —grises, ocres, rojos, morados y blancos— cuyo aspecto se debe a la presencia de distintos minerales en una base de cuarzo y feldespato, con las capas dispuestas en posición casi vertical por los movimientos tectónicos. Desde la cima, un telesilla desciende hacia la playa de guijarros y desde allí salen barcas para rodear las agujas. La costa sur, entre Compton Bay y Atherfield, combina estos escenarios geológicos con playas de arena y grava surfeables y poco masificadas, gestionadas en gran parte por el National Trust.
COWES Y VENTNOR, LAS DOS CIUDADES
Además de naturaleza y pequeños lugares, la isla tiene dos núcleos urbanos. Cowes está en el extremo norte, dividida en dos mitades por el estuario del río Medina, y es el lugar donde se fundó el Royal Yacht Squadron, cuya sede es el castillo Tudor que Enrique VIII mandó construir en 1539 para defender la costa. Desde las cañoneras de esa fortaleza se anuncian aún hoy con disparos la salida de las regatas.
Cada agosto, la Cowes Week convierte el Solent en el escenario de la regata más antigua y multitudinaria del mundo, con miles de embarcaciones y una ciudad que dobla su población de golpe. El resto del año, Cowes tiene la vida discreta de un puerto con calles estrechas, tiendas de vela y restaurantes frente al agua donde el tráfico de yates, cruceros, cargueros y ferris es constante.
Al otro extremo de la isla, en la costa sur, Ventnor se dispone en terrazas sobre el acantilado, con casas que se apilan unas sobre otras en pendientes pronunciadas. Su mayor rareza, sin embargo, no está a la vista. El llamado Undercliff, una franja de terreno deslizado entre los acantilados de tiza y el mar, crea un microclima que registra una temperatura media cinco grados superior al resto de Gran Bretaña, con heladas prácticamente inexistentes y una pluviometría más cercana al Mediterráneo que al sur de Inglaterra. Esa anomalía explica el Ventnor Botanic Garden, un jardín de 22 hectáreas que ocupa los terrenos del antiguo Royal National Hospital for Diseases of the Chest y que alberga colecciones de plantas subtropicales a cielo abierto que no pueden crecer en ningún otro punto de Inglaterra, con terrazas sudafricanas, una zona australiana, un jardín mediterráneo con olivos, una colección de puyas y ejemplares de nenúfar gigante amazónico.
EL FESTIVAL Y SU LEYENDA
Nadie sabe si, actualmente, la balanza de la fama de la isla se inclina más hacia sus encantos históricos y naturales o hacia la música que la puso en el mapa. El momento en el que los hermanos Foulk organizaron el primer festival no se sabía que cada edición iba a ser mayor que la anterior, y a una velocidad pasmosa. En 1969, Dylan actuó aquí por primera vez tras su grave accidente, y sus seguidores llegaron de todo el mundo para darle una cálida bienvenida de vuelta. John Lennon, Ringo Starr, Keith Richards y Charlie Watts estuvieron allí para verle actuar y George Harrison acabó escribiendo una canción inspirada en el evento. Según los organizadores, lo que convenció a Dylan de cantar en la isla fue un documental sobre esta en el que se destacaba, entre otras cosas, que el gran poeta victoriano Tennyson había vivido allí.
La edición de 1970 reunió también a The Doors, Joan Baez, Leonard Cohen, Joni Mitchell, The Who, Miles Davis y Jimi Hendrix, entre más de 50 artistas. Fue la última actuación completa de Hendrix en Inglaterra antes de su muerte, el 18 de septiembre de ese año. La afluencia desbordó cualquier previsión y llevó al gobierno a crear una normativa que prohibía concentraciones al aire libre de más de 5.000 personas sin licencia especial. El festival regresó en 2002 y desde entonces se celebra cada junio en Seaclose Park, cerca de Newport, para sumar un aliciente más a un destino aún desconocido para gran parte de Europa.
Cómo llegar a la isla de Wight
La isla se encuentra frente a la costa de Hampshire, separada de Inglaterra por el estrecho de Solent. Se llega a ella en ferri desde Portsmouth, Lymington o Southampton, o en el aerodeslizador de Hovertravel desde Southsea, en Portsmouth, hasta Ryde. Llevar coche en el ferri multiplica la libertad de movimiento y vale la pena reservar alojamiento en el oeste de la isla.
Dónde alojarte
El Royal Hotel de Ventnor (royalhoteliow.co.uk) combina vistas al Canal de la Mancha con restaurante de nivel, aunque los cottages de English Heritage (english-heritage.org.uk) en los propios terrenos de Osborne House o Carisbrooke Castle permiten quedarse dentro de los monumentos una vez cerrados al público.
Qué probar
Cangrejo fresco de Steephill Cove, los tomates y el ajo negro de Newchurch y el Gallybagger, un queso curado en madera de ciprés.














