Harald, el Rey que supo equilibrar amor y deber y fue ante todo padre, marido y abuelo
Noruega llora la muerte de su jefe de Estado: ha fallecido el rey Harald V, en el trono desde 1991 y ya está todo listo para la proclamación de un nuevo monarca y jefe de la Casa Real, Haakon VIII. Mientras, al margen de la esfera institucional, su familia con minúsculas afronta la pérdida del ser humano y la despedida de un hombre que amó por encima todo. Ha muerto el rey, pero también ha muerto un marido, padre, suegro y abuelo que demostró que la institución era lo más importante, pero no a cualquier precio. Ese ha sido uno de los legados de Harald V, el primer rey que creyó en el amor en todos los sentidos.
Harald de Noruega, un hombre de lo más familiar
El soberano fallecido siempre destacó por su carácter familiar y por la preocupación de ser un buen marido, padre y abuelo, además de rey. Esto se puso de manifiesto en numerosas ocasiones, empezando por su propia relación con la reina Sonia, a la que ni la Casa Real ni el Gobierno querían como esposa para el príncipe heredero porque no venía de la realeza. Esta historia ya sabemos cómo terminó, después de casi una década de noviazgo, y un largo debate dentro y fuera del Parlamento, Harald dijo que si no se casaba con Sonia, se quedaría soltero, y el drama fue grande, ya que él era el único hijo varón del rey Olav, el único que podía llegar al trono y transmitir derechos dinásticos. "Sonia lo ha significado todo para mí", dijo el rey con el paso del tiempo cuando recordaba cómo fueron esos años en los que la pareja vivió entre rumores, secretos y presiones.
Gran defensor del matrimonio de Haakon y Mette-Marit de Noruega
Tampoco hay que olvidar que el rey Harald fue el mayor defensor del matrimonio de Haakon y Mette-Marit, quienes han celebrado sus bodas de plata, ya que se había prometido a sí mismo que ningún hijo suyo pasaría por una experiencia similar a la suya. El entonces soberano intercedió por ellos ante el primer ministro Jens Soltenberg y el Consejo del Estado, y dejó clara su posición: casarse con la persona a la que amas no es un privilegio, es un "derecho humano". Así lo reveló el propio Harald en su última biografía, (Kongen forteller, El Rey cuenta, firmado por un reconocido periodista noruego y editor de periódicos, Harald Stanghelle). Desde ese momento, el rey Harald acogió a Mette-Marit como una hija, le dio su lugar dentro de la Familia Real y disfrutó de la llegada de sus nietos.
El apoyo sin fisuras a Mette-Marit en sus horas más bajas
En las horas más bajas de la princesa Mette-Marit, cuando tuvo que dar explicaciones públicas por su amistad con Jeffrey Epstein, y cuando su enfermedad pulmonar la tenía prácticamente retirada de la vida pública, el rey Harald volvió a dar a su nuera un apoyo explícito que nadie esperaba. Contra todo pronóstico, quiso nombrarla en marzo de 2026 durante el discurso que pronunció en la cena de gala en honor a los reyes belgas. "Sé que nuestra querida princesa heredera hubiera deseado estar con nosotros esta noche. Lamentablemente, no podrá asistir debido a su estado de salud".
Con su hija y sus nietas tras el suicidio de Ari Behn
Otro momento en el que se pudo ver que el rey Harald era la piedra angular en la que reposa su familia fue tras el suicidio de Ari Behn, primer marido de la princesa Marta Luisa y padre de sus tres hijas. El impacto fue enorme para todos: el escritor se quitó la vida el día de Navidad del 2019 y en su funeral el rey Harald fue la roca en la que todos buscaban consuelo. El soberano se volcó entonces en sus nietas y abrió el debate de la salud mental a nivel nacional: "No tenía ninguna duda de que lo que le había sucedido a Ari Behn debía incluirse en el discurso de Año Nuevo. Cuando su familia decidió ser transparente con el tema, fue algo natural para mí. Habría estado totalmente mal si no lo hubiera incluido, sin embargo, fue difícil para mí encontrar las palabras adecuadas porque hablaba del padre de mis nietas", explicó Harald en la citada biografía.
El trauma que no quería que se repitiera
Entre líneas se supo que a Harald le preocupaba estar a la altura para sus nietas, para unas niñas que se habían quedado sin padre de una forma terrible, y le atemorizaba especialmente porque él sabe lo que se siente, ya que Harald perdió a su madre (Marta de Suecia) de forma prematura y, como contó en esas memorias, en su caso no tuvo con quién hablar de esa pérdida. "Lo tuve que procesar yo solo, no había nadie con quien hablar del tema, solo uno de los buenos amigos de papá (el rey Olaf V) me sacó el tema. Él entendió cómo me sentía, de lo contrario, no mucha gente hablaba de ello", explicó.
La familia, siempre lo primero
El rey Harald creó una "corte" en la que la familia (con minúscula) era lo primero. Él siempre tuvo sitio para todos y procuró que todos tuvieran un sitio en el que se sintieran bien. La madre de Mette-Marit (Marit Tjessem) formó parte de su familia desde el principio y le dio un lugar destacado como madrina de la futura reina de Noruega, compartiendo todos los retratos oficiales con los soberanos de Europa. No se perdía ni el primer día de colegio de la princesa Ingrid, ni la confirmación de Marius, el hijo que la reina Mette-Marit tuvo antes de su matrimonio y que ha sido condenado por más de una treintena de delitos, también organizaba planes para que las vacaciones y los cumpleaños siempre fueran en familia, Harald disfrutaba especialmente cuando todos estaban a bordo del barco real.
Así gestionó la presencia de Durek Verrett
No siempre le resultó fácil compaginar el hacer felices a sus hijos con los asuntos de Estado, de hecho, en sus últimos años tuvo que enfrentarse a la polémica figura de Durek Verrett, como segundo gran amor de la princesa Marta Luisa, y lo hizo con ternura. Lamentó la pérdida que suponía la salida de su hija de la institución, pero le deseó la mayor de las suertes. Dejó claro que no estaba de acuerdo ni con los negocios ni con las opiniones de la pareja, pero siguieron teniendo un lugar en la familia y en el barco del rey Harald. Tampoco se perdió la boda de su hija con el chamán en el fiordo de Geiranger, dejando claro que el cariño de padre seguía intacto.
Muy querido hasta el final
Era bromista, hogareño, daba buenos consejos y sencillamente fue un hombre querido tanto por los suyos como por sus conciudadanos a pesar de las crisis que afectaron a la Corona en los últimos años. Hasta el final de sus días intentó pasar con los suyos el mayor tiempo posible y, sobre todo, evitó que sus seres queridos tuvieran que andar por caminos que para él habían sido dolorosos.







