Fertram Sigurjonsson, fundador de la empresa Kerecis: "En la práctica, Islandia tendría una influencia muy limitada en la UE"
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Históricamente, el bacalao ha marcado la economía y la sociedad islandesas. Lo que el empresario Fertram Sigurjonsson ha logrado con su empresa Kerecis ha sido adaptar ese producto pesquero al siglo XXI con un toque de ciencia ficción. Porque crece Kerecis utiliza la piel del bacalao para regenerar el epitelio del ser humano, en casos de quemaduras, úlceras diabéticas, u otras lesiones. Sigurjonsson, que vendió hace tres años Kerecis por 1.200 millones de euros al grupo danés Coloplast, es uno de los líderes empresariales islandeses que se opone a la apertura de negociaciones con la Unión Europea.
- Kerecis recibió casi 3 millones de euros del programa Horizon de la Unión Europea en 2020. ¿No complica eso su argumento de que la UE inhibe la innovación?
- Al contrario. De hecho, refuerza mi argumento. Yo apoyo el libre comercio y la cooperación con la UE, lo que incluye la participación en programas de investigación como Horizon, que han sido muy valiosos para los innovadores islandeses, más allá del caso concreto de Kerecis. La distinción que hago está entre cooperación e integración política. Islandia ya participa en Horizon a través del Espacio Económico Europeo (EEE), para lo que no necesita ser miembro de la UE. Eso pone de manifiesto que podemos colaborar muy estrechamente en investigación, mientras mantenemos el control nacional sobre gran parte de nuestra política económica. Son dos cuestiones completamente diferentes.
- Con su experiencia en el mundo empresarial ¿no cree que es mejor estar dentro de la UE y tener capacidad para influir directamente en las decisiones de esta que afectan al EEE en vez de estar fuera y tener que aceptarlas sin más?
- Para un país de 400.000 personas, ése es un planteamiento demasiado simplista.
- ¿Por qué?
- Porque, aunque estar dentro y tener voz y voto, suena atractivo, en la práctica Islandia tendría una influencia muy limitada acerca de la legislación europea, que está diseñada primordialmente teniendo en cuenta a economías que son cientos de veces más grandes que la nuestra. Encima, deberíamos ceder una serie de áreas de soberanía que ahora ejercemos. El ejemplo más claro es el comercial. Por medio del EEE, Islandia ya disfruta fundamentalmente del mismo acceso al mercado único europeo que los países de la UE. Pero, al mismo tiempo, mantenemos una política comercial independiente. Eso nos ha permitido concluir nuestro propio tratado de libre comercio con China, alcanzar un acuerdo con India a través del Área Europea de Libre Comercio (EFTA, según sus siglas en inglés), y mantener nuestra libertad para negociar acuerdos futuros con otras grandes economías mundiales. Si fuéramos miembros de la UE, todos esos poderes serían transferidos a la Comisión Europea, con lo que no podríamos negociar nuestros propios acuerdos comerciales bilaterales.
- ¿Es una cuestión de mantener la máxima soberanía posible?
- Es una cuestión de principios. Durante siglos, Islandia fue gobernada desde Copenhague [la capital de Dinamarca]. Desde luego, hay que dejar claro que Bruselas no es el equivalente de lo que fue Copenhague, pero la cuestión es que las decisiones adoptadas desde un centro de poder que está lejos de Islandia, reflejan de manera natural y automática, las prioridades de una unión política, mucho más grande, dentro de la cual nosotros solo somos una pequeña parte. Igual que los intereses de Copenhague no tienen porqué coincidir siempre con los de los islandeses, los de Bruselas tampoco van a alinearse en todo momento con los de una pequeña nación en el Atlántico Norte.
