EEUU deja el Pacífico sin portaaviones mientras China enseña músculo militar

EEUU deja el Pacífico sin portaaviones mientras China enseña músculo militar

Durante las últimas semanas, el USS George Washington ha navegado por algunos de los escenarios donde Estados Unidos lleva años tratando de recordar a China quién sigue siendo la principal potencia militar del Pacífico.

El portaaviones estadounidense cruzó el Mar de China Meridional, hizo escala en Vietnam y, acompañado por destructores lanzamisiles, terminó enfilando el estrecho de Malaca. Pero esta vez no navegaba hacia otra demostración de fuerza frente a Pekín. Se marchaba.

El George Washington, único portaaviones estadounidense desplegado permanentemente en Asia y con base en Yokosuka (Japón), ha recibido órdenes de abandonar el Pacífico y dirigirse a Oriente Próximo para relevar al USS Abraham Lincoln.

Durante un tiempo todavía difícil de precisar, EEUU se quedará sin ninguno de sus 11 portaaviones en la región donde el Pentágono lleva años asegurando que se decidirá su gran competición estratégica de este siglo.

La razón de este movimiento se encuentra en la prolongación de la guerra contra Irán, que está sometiendo a una presión creciente a la maquinaria militar estadounidense. El caso del Abraham Lincoln resume ese desgaste.

Los medios estadounidenses han explicado que el buque lleva más de 250 días desplegado y alrededor de 200 sin realizar una escala en puerto. Legisladores estadounidenses han denunciado escasez de alimentos y productos básicos, problemas de fontanería y un deterioro de la salud mental en la tripulación.

Otro de estos navíos, el USS Gerald R. Ford, completó en mayo un despliegue de 11 meses, el más largo para un portaaviones estadounidense desde el final de la Guerra Fría. Aunque EEUU cuenta con 11 portaaviones, varios están siempre en mantenimiento o preparación, lo que limita los disponibles para sostener operaciones prolongadas.

En Washington han recordado que disponen de submarinos, bombarderos, destructores y decenas de miles de soldados repartidos por Japón, Corea del Sur, Guam y otros puntos del Indo-Pacífico. Pero en un momento donde los símbolos militares importan casi tanto como las capacidades reales, el portaaviones estadounidense se marcha justo cuando los barcos chinos navegan cada vez más lejos.

Presión militar de China

A principios de agosto, el ejército chino realizó patrullas conjuntas de combate aéreo y naval alrededor del arrecife de Scarborough, un atolón del mar de China Meridional en disputa con Filipinas. El objetivo, según el mando militar chino, era mejorar su capacidad para defender la "soberanía territorial y los derechos marítimos".

Unas semanas antes, un destructor chino realizó ejercicios con fuego real a unos 180 kilómetros de Okinotori, dentro de lo que Japón considera su zona económica exclusiva, mientras navegaba junto a buques rusos. Fue la primera vez que Tokio hizo público un ejercicio chino de estas características en esas aguas.

La semana pasada llegó otra fotografía incómoda para Washington: China realizó unas maniobras navales con Indonesia al este de Taiwán. Yakarta trató de rebajar su importancia y aseguró que se trataba de un ejercicio rutinario de paso, sin componente de combate. Pekín lo presentó como un ejercicio conjunto de navegación. Taipéi lo calificó directamente de "provocación militar".

China posee ya la mayor armada del mundo por número de buques. Y los portaaviones son el escaparate más visible de ese salto. Durante décadas, el gigante asiático apenas podía observar cómo los grupos de combate estadounidenses navegaban junto a sus costas. Ahora tiene tres.

En noviembre del año pasado entró oficialmente en servicio el Fujian, el más avanzado, con más de 80.000 toneladas de desplazamiento y catapultas electromagnéticas capaces de lanzar aviones más pesados y con mayor carga de combustible y armamento.

En junio de 2025, Japón detectó por primera vez a los otros dos portaaviones Liaoning y Shandong operando simultáneamente en diferentes zonas del Pacífico. Uno de ellos llegó a penetrar en la segunda cadena de islas, más allá del cinturón formado por Japón, Taiwán y Filipinas que durante décadas había contenido geográficamente a la marina china.

"Cruzar desde la primera cadena de islas hacia la segunda envía un mensaje político claro", advirtió entonces el ministro taiwanés de Defensa, Wellington Koo. Este mismo año, el Liaoning volvió a demostrar hasta dónde pretende llegar Pekín. A finales de mayo fue localizado al este de la isla filipina de Luzón, donde sus aviones y helicópteros realizaron alrededor de 170 despegues y aterrizajes durante apenas tres días.

La salida del portaviones George Washington coincide además con la orden de Donald Trump de reducir "sustancialmente" los grandes ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, una decisión anunciada mientras el presidente busca reabrir el diálogo con Kim Jong-un y prepara un próximo encuentro en septiembre con Xi Jinping.

Para Japón, Filipinas, Corea del Sur y, sobre todo, Taiwán, la pregunta no es únicamente cuántos barcos conserva su aliado Estados Unidos en la región, sino dónde estarán si algún día estalla un conflicto en sus puertas.