ángel Rodríguez, maquillador, sobre cómo Blanca Suárez destaca sus ojos: "Al utilizar un tono oscuro en la línea del agua, creamos un contorno que da profundidad a la mirada"
Blanca Suárez es la prueba de que marcar los ojos en negro no tiene por qué hacer que parezcan más pequeños. Sombras profundas, pestañas muy trabajadas y delineados que enmarcan el ojo forman parte de un terreno beauty en el que la actriz se mueve especialmente bien. Y hay un pequeño gesto que puede cambiar el resultado mucho más de lo que parece: maquillar la línea de agua. Algo que Blanca repite desde hace años.
Es una cuestión de percepción. El lugar en el que colocamos el color modifica visualmente sus límites y explica por qué un mismo ojo puede parecer más abierto con un lápiz beige y mucho más profundo con uno negro. "Al modificar su color, estamos cambiando visualmente dónde percibimos que empieza y termina el ojo", explica Ángel Rodríguez, maquillador de Maybelline New York. El secreto no consiste únicamente en decidir entre negro o beige, sino en comprender dónde colocar la intensidad para conseguir el efecto deseado.
Blanca Suárez y el efecto óptico de maquillar la línea de agua
La línea de agua ocupa muy poco espacio en el conjunto del rostro, pero tiene una posición estratégica: está justo en el límite visual entre el globo ocular y las pestañas. Cambiar su tonalidad significa, por tanto, modificar la frontera que nuestro cerebro interpreta como el principio o el final del ojo. "No cambiamos realmente su tamaño ni su forma, pero al maquillar la línea de agua creamos como un marco en la mirada", explica Ángel Rodríguez.
Con un color oscuro ese marco se vuelve mucho más evidente. "Al utilizar un tono oscuro, creamos un contorno más marcado haciendo que la mirada quede más profunda y definida". Es la razón por la que el lápiz negro en la línea de agua tiene fama de empequeñecer el ojo. En realidad, lo que hace es establecer un límite oscuro antes de llegar al blanco del globo ocular, aumentando el contraste y concentrando visualmente la mirada.
El efecto contrario se consigue con los lápices claros. "Un tono claro se integra con la parte blanca del ojo y genera una sensación de continuidad, haciendo que la mirada parezca más abierta", señala el maquillador. Esta diferencia explica por qué el nude se ha convertido en un recurso habitual cuando se busca un maquillaje aparentemente descansado. Un beige próximo al tono de la piel puede proporcionar luminosidad de una forma mucho más discreta.
"Con un lápiz marrón oscuro podemos dar definición de una manera más suave, en cambio con uno negro damos ese contraste y profundidad al máximo", explica Rodríguez. El beige o nude claro abre visualmente la mirada y aporta luz. Por eso, antes de escoger lápiz conviene pensar menos en las supuestas normas del maquillaje y más en el resultado buscado. "Si queremos una mirada limpia y despierta, optaría por el color claro. Si por el contrario queremos darle más potencia y definición elegiría el color negro o marrón oscuro".
El error de elegir el color solo por la forma o el tamaño de ojo
¿Un ojo pequeño debería renunciar siempre al negro? Según Ángel Rodríguez, "no existen reglas como tal. Más que seguir una norma según la forma del ojo, hay que entender qué queremos potenciar y corregir". Aun así, conocer determinados efectos ópticos ayuda.
En ojos pequeños recomienda evitar saturar excesivamente la línea de agua y trabajar mejor la línea inferior de las pestañas, incorporando un lápiz beige para proporcionar luminosidad. Los ojos grandes ofrecen más margen para intensificar la línea de agua porque cuentan visualmente con mayor espacio. En ojos redondos, en cambio, si la intención es conseguir una apariencia más alargada, la intensidad debería desplazarse hacia la esquina exterior y prolongar el delineado hacia fuera. En los almendrados se puede acompañar su geometría natural siguiendo y extendiendo la línea de las pestañas.
La clave para llevar la línea de agua negra sin empequeñecer la mirada
"La clave está en no concentrar todo dentro del ojo", asegura Ángel Rodríguez. Su propuesta consiste en crear primero una base de sombras dirigida hacia la zona externa y añadir después un delineado muy próximo a la raíz de las pestañas. En lugar de dejar esa línea completamente gráfica y aislada, el experto recomienda difuminarla con las propias sombras para conseguir continuidad y evitar cortes. El resultado desplaza la atención hacia fuera y contrarresta la profundidad creada por el lápiz oscuro dentro del ojo. En cuanto a la máscara de pestañas, Rodríguez aconseja concentrarla especialmente en las pestañas superiores y externas para favorecer una apariencia más alargada.
Y hay un detalle que muchas veces olvidamos. "Sin olvidar la línea de agua superior, que eso junto a una buena máscara de pestañas marca la diferencia", insiste el maquillador. Maquillar esa zona (el llamado tightlining) permite oscurecer visualmente la raíz de las pestañas y aumentar su densidad aparente sin necesidad de construir un eyeliner grueso sobre el párpado.









