Recordamos el look de Penélope Cruz en la boda de Salma Hayek: "El azul, con el que proyecta seguridad, se ha convertido en su color talismán"
"Tu y yo siempre nos tendremos, qué afortunada me siento de tenerte en mi vida", aseguraba Salma Hayek al felicitar a Penélope Cruz por su cumpleaños. Uno de tantos, pues ambas actrices mantienen una estrecha amistad desde que se vieron por primera vez a finales de los noventa. "La conocí cuando recibí mi primera oferta para hacer una película estadounidense. No conocía a casi nadie en Estados Unidos, pero ella me recogió en el aeropuerto y me llevó a su casa", contó la española en una ocasión. "Fue como reencontrarse con una hermana".
Presentes la una en la vida de la otra desde entonces, se han apoyado en momentos complicados y también han compartido juntas alegrías. Y una de ellas fue la boda de la intérprete mexicana con el empresario Francois-Henri Pinault, en 2009. La pareja se casó primero el 14 de febrero en una ceremonia íntima en París, y en abril, lo celebraron por todo lo alto en el Palazzo Grassi de Venecia, propiedad del francés.
Una cita que no quiso perderse Penélope Cruz, aunque su presencia pasase casi inadvertida, debido a las pocas fotografías que se hicieron públicas de aquella boda. Sin embargo, las que salieron a la luz fueron suficientes para descubrir el vestido de invitada que escogió la madrileña, un elegante diseño en el que, con los años, se ha consolidado como uno de sus colores favoritos.
Un vestido asimétrico de firma italiana en su color talismán
Para asistir a la boda de Salma Hayek y François-Henri Pinault, Penélope Cruz eligió un look de Gucci, perteneciente a la colección Primavera/Verano 2009 de Frida Giannini. Un vestido asimétrico confeccionado en un tejido de caída ligera y en azul cerúleo, que destacaba por una pronunciada abertura lateral, que dejaba la pierna al descubierto con cada paso y aportaba un aire sensual, pero sin restar elegancia.
En la pasarela, Gucci había presentado la pieza acompañada de un gran broche joya colocado sobre el hombro y unas llamativas sandalias de plataforma oscuras. Penélope, sin embargo, decidió reinterpretar el estilismo, eliminando el adorno para dejar que el protagonismo recayera únicamente sobre el vestido y la intensidad del color. Completó el conjunto con unas sandalias satinadas con un tacón alto bañado en pequeña pedrería, un clutch rígido dorado y dejó su melena suelta con ondas naturales, un estilismo que sigue resultando plenamente actual más de quince años después.
"La elección demuestra un gran criterio. La actriz entiende que un vestido con semejante fuerza visual no necesita demasiados artificios. Al prescindir del broche joya consigue limpiar la silueta y elevar todavía más la elegancia del conjunto. Es un magnífico ejemplo de cómo adaptar un look de pasarela a una boda sin perder su esencia", analiza la asesora de imagen y experta en moda Nina Ruiz.
Tampoco pasó desapercibido el color. Aunque Penélope Cruz no ha especificado que el azul tenga un significado especial para ella, sí es uno de los tonos que más se repite en algunos de los momentos más importantes de su trayectoria. Lo eligió, por ejemplo, para asistir a la ceremonia de los Oscar del año 2000, donde protagonizó una de las escenas más recordadas al gritar emocionada "¡Peeedro!" cuando Almodóvar subió al escenario para recoger el Oscar a mejor película extranjera por Todo sobre mi madre.
"Aquel vestido azul de Ralph Lauren marcó el comienzo de una relación estilística con este color que años después volvería a hacerse evidente cuando recogió el César de Honor de la Academia francesa enfundada en un diseño azul de Atelier Versace", recuerda Ruiz. "En el caso de Penélope, el azul proyecta seguridad, sofisticación y mucha personalidad. Además, armoniza especialmente bien con su cabello oscuro y su tono de piel, por lo que no sorprende que haya recurrido a él en algunos de los acontecimientos más importantes de su carrera".
A la boda de Salma Hayek acudió acompañada por Javier Bardem, con quien mantenía ya una sólida relación sentimental tras reencontrarse durante el rodaje de Vicky Cristina Barcelona. Todavía no eran marido y mujer —su boda llegaría en julio de 2010, en una ceremonia íntima celebrada en las Bahamas—, pero ya formaban una de las parejas más admiradas del panorama y compartían una estrecha amistad con los novios.



