Reclutamiento y castigo
Hay un término popularizado por el libro del mismo nombre “Batallón de Castigo” del autor danés Borge Willy Redsted Pedersen, escritor sumamente cuestionado y cuyo seudónimo, Sven Hassel pretende hacerlo pasar por alemán.
En su libro describe con lujo de detalles lo que significa ser asignando a un batallón encargado de las acciones más peligrosas en el frente de batalla ante la URSS, con un destino mortal para la mayoría de sus integrantes. Un grupo de soldados que sirven como carnada para identificar en donde se encuentra el enemigo, un grupo destinado al desminado antes de que las tropas avancen y otras acciones por el estilo.
En estos días han abundado las noticias acerca de misiones similares para soldados enrolados sobre todo por los rusos en su guerra contra Ucrania. Es muy posible que ambos bandos hayan recurrido al reclutamiento de extranjeros para sus ejércitos.
Desde el principio se informó acerca de expresidiarios enviados al frente ruso a cambio de eliminar sus condenas penales. Pero ahora la información refiere a ciudadanos de terceros países, con frecuencia contratados con engaños para terminar en la guerra. Obreros de la construcción, pero también técnicos, son atraídos por generosas ofertas laborales.
En el caso de África sobre todo incluye claramente la oferta de obtener además de buena paga, la ciudadanía rusa. Hay notas acerca de mujeres con conocimientos informáticos que en lugar de trabajar en sistemas ahora están en fábricas de drones.
Para ambos contendientes, la escasez de hombres para el frente de batalla está en buena medida relacionado con la reducción de la tasa de natalidad en los años posteriores a la disolución de la Unión Soviética y la profunda crisis económica y social que supuso.
Con un calculo que el lado ruso pierde unos mil soldados al día la necesidad de contar con reclutas ya superó las acciones iniciales del grupo mercenario Wagner, quien fue el que incorporó a presos en el ejército y ahora se contrata por todo el mundo.
Aparentemente en el caso ucraniano se trata más de voluntarios extranjeros que de reclutas engañados.
La vulnerabilidad ante el desempleo y la falta de preparación hace de América Latina y de África, lugares propicios para esa seducción, sueldos altos, bono especial, seguro de vida, ciudadanía y nunca referencias a que se trata de ir a la guerra. Los nuevos reclutas se descubren en un campo de entrenamiento, sin pasaporte ni conocimiento lingüístico, con una semana de entrenamiento son enviados al frente en donde muy posiblemente solo sobrevivan unas semanas.
Nunca se les pagará, no aparecerán sus restos, no habrá forma para su familia de cobrar nada.
Ese reclutamiento es tal vez el más atroz en esta época, pero no es el único y la trata de personas se manifiesta trasnacionalmente como es este caso o internamente como sucede con el crimen organizado, todos los bandos procurando cubrir sus bajas a la brevedad posible, con engaños y castigos.
Apenas el 30 de julio se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas, un tema mucho más cercano a nuestra realidad de lo que pensamos y esa guerra es otro ejemplo de ello.
POR DAVID NÁJERA
Miembro de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano a.c.
MAAZ