Laura Martínez, interiorista: "Una casa tiene que sentirse vivida, no parecer un expositor de muebles perfectamente coordinados"
Cambia la dirección, los metros cuadrados y las vistas, pero entras en un piso de obra nueva y te resulta extrañamente familiar: cocina abierta, madera clara, paredes en tonos arena, baño de inspiración spa… ¿No habíamos visto ya esta casa? Las tendencias tienen parte de culpa, aunque no toda. Detrás de esta estética tan reconocible se repiten también decisiones que dejan poco margen para la personalidad.
Para la interiorista Laura Martínez, el problema no está en recurrir a los mismos colores o materiales, sino en replicar soluciones sin pensar lo suficiente en quienes van a vivir allí. Hablamos con ella para descubrir qué se esconde detrás de esta uniformidad y qué podemos hacer para que una vivienda nueva tenga carácter propio sin renunciar a un diseño práctico y atemporal.
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© Cristina SalarichEstá terminada, pero todavía le faltan cosas
"Lo primero que suelo detectar en muchas viviendas de obra nueva es que se ha priorizado la rentabilidad por encima de determinadas decisiones de diseño y funcionalidad", explica Laura.
"Los baños son un buen ejemplo: encontramos lavabos suspendidos sin mueble de almacenaje y, en ocasiones, duchas sin mampara", nos cuenta. En el proyecto que ves sobre estas líneas, el equipo de ACP Interiors diseñó un aseo con un lavamanos apoyado sobre una encimera volada de piedra natural. Debajo queda un valioso espacio para un armarito o cestos en los que organizar los productos de aseo.
Las cocinas también tienen lo suyo, ya que, en opinión de Laura, se suelen resolver con mobiliario estándar y espacios previstos para colocar los electrodomésticos, que terminan quedando a la vista, sin una integración real en el diseño", dice.
Y luego está la iluminación. "En muchas promociones no se entrega ninguna luminaria, únicamente los puntos de conexión eléctrica". A la experta le disgusta, además, que el punto general se coloque en la pared en lugar del techo.
Antes de comprar, revisa algo más que los acabados. ¿Dónde guardarás las toallas? ¿Cabe una mesa de comedor de tamaño suficiente? ¿Tienes sitio para los armarios? Resolverlo sobre plano sale más fácil y económico que corregirlo con la obra terminada
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© Lupe Clemente FotografiaEl beis no tiene la culpa
Blancos rotos, arenas, tonos piedra y matices cálidos forman parte de una paleta muy reconocible en los interiores actuales. Sin embargo, para Laura los neutros no sean responsables de la uniformidad. De hecho, es una de las bases sobre las que trabaja habitualmente en su estudio.
Su argumento tiene que ver con la durabilidad de las decisiones. "Queremos diseñar viviendas que envejezcan bien y no dependan de las tendencias del momento. Una reforma integral, con buenos materiales, una iluminación bien estudiada y una ejecución de calidad, supone una inversión importante y no siempre resulta razonable sustituir revestimientos, pavimentos y mobiliario cada pocos años para actualizar la estética.", dice Laura.
Para la interiorista, la personalidad de una vivienda no depende únicamente del color de sus paredes. "También la construyen los libros, las fotografías, los recuerdos y las personas que viven en ella", afirma. Siempre elementos más fáciles de cambiar, como unos cojines en tonos burdeos, una butaca azul cobalto, unas cortinas con carácter o alguna pieza auxiliar de color. Laura reconoce que le gustan los tonos intensos, aunque prefiere reservarlos para elementos que no obliguen a reformar la casa cuando cambien nuestros gustos.
También revisa los matices de la base neutra. "Últimamente sustituimos algunos blancos puros por tonalidades cashmere, que aportan una calidez y una elegancia muy sutiles". Son cambios discretos que modifican la percepción del conjunto sin convertirlo en una apuesta demasiado vinculada a una temporada.
En este salón, el equipo de LC Interiores animó la base neutra con sutiles pinceladas de color a través de la butaca, los cojines y la obra de arte que decorar la pared.
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© Yael VallésEl roble sí, pero no de suelo a techo
"Soy una gran defensora de la madera natural, especialmente del roble, que utilizamos muchísimo en nuestros proyectos", explica Martínez. La cuestión está en cómo combinarla.
La interiorista prefiere mezclar tonalidades, vetas y acabados. "A veces los clientes se preocupan porque el suelo no tiene exactamente el mismo tono que los muebles. Yo siempre les digo: ¿y dónde está el problema? Muchas veces el resultado es más bonito precisamente porque no son idénticos". Basta con ver este salón, un proyecto de Laura Martínez Interiorismo, con mesas de una madera en un tono más oscuro que la tarima.
Conviene medir las proporciones: en un piso pequeño o con techos bajos, revestir también paredes y techos resulta excesivo. Y para una familia con niños, mascotas o salida directa al jardín, un laminado de calidad es una opción más práctica que la madera natural.
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© Silvia Gil-RoldanLa cocina minimalista también necesita un toque personal
Los frentes lisos, la ausencia de tiradores y los electrodomésticos integrados se han convertido en una combinación habitual, especialmente en cocinas abiertas al salón. Laura defiende muchas de estas decisiones, pero cree que la búsqueda de continuidad visual no debería llevarnos a ocultarlo todo. "Me encantan las zonas de desayuno, con una buena cafetera, una tostadora bonita, estanterías para las tazas o una vitrina con iluminación indirecta y papel pintado en la trasera. Son detalles que aportan personalidad". Aquí, Marga Lara Interiorismo, de Insenia, recurrió a unas baldas voladas de madera –al fondo– y unas lámparas de techo en dorado sobre la mesa del comedor para romper la monotonía.
Laura nos cuenta que su cocina combina blanco y madera, con frentes lisos y uñeros, aunque hoy sumaría un detalle más decorativo. "Últimamente me gusta completar los muebles inferiores con una moldura sencilla y tiradores especiales, y dejar los superiores completamente lisos para equilibrar el conjunto."
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© La PlateraLa moda de los acabados continuos: del microcemento al porcelánico
Sin juntas visibles y con aspecto uniforme, el microcemento ha llegado a suelos, paredes, baños y cocinas. A Laura le gusta su estética, pero no lo recomienda para el día a día.
"El microcemento me parece precioso. Me gusta la sensación de continuidad que consigue y ese carácter ligeramente industrial, austero y minimalista que aporta a los espacios". Pero añade: "Me preocupan las posibles fisuras y su comportamiento frente a los impactos". Cuando surge un desperfecto, igualar textura y tono en una zona pequeña es complicado, y a veces obliga a rehacer una superficie mayor.
Como alternativa, recomienda porcelánicos de gran formato. Las piezas de 120 x 60 cm, con juntas finas –como estas, de la colección Cosmopolitan 2 de La Platera–, reducen las divisiones; también existen placas aún mayores, aunque su manipulación y colocación encarecen la obra. En zonas expuestas a humedad o golpes, comprueba las prestaciones y el mantenimiento antes de cerrar la compra.
"Al final, todo consiste en encontrar el equilibrio entre estética, funcionalidad e inversión. Para mí, un material no tiene que ser únicamente bonito el día que entregamos una reforma: tiene que seguir funcionando bien después de muchos años de uso."
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© Jordi Canosa¿Estamos viendo una nueva homogeneización alrededor de la piedra?
Mármoles, travertinos, cuarcitas y porcelánicos de inspiración mineral se repiten en cocinas y baños. "Si hablamos exclusivamente de estética, prefiero la piedra natural", reconoce Martínez. "Un mármol de Carrara o un Calacatta tiene una belleza difícil de reproducir. Cada pieza es única, con sus vetas y matices".
Su recomendación cambia con el uso diario. Algunas piedras naturales son sensibles a ácidos, manchas y ciertos productos de limpieza, así que en casas con niños, mejor porcelánicos de calidad. En esta cocina, el proyecto de Mar Gausachs para BAUHAUS en Casa Decor 2026, los muebles de la firma Bc3 se combinaron con el modelo Fior di Viola 4D acabado Cashmere de Sapienstone en la encimera y en el frente de trabajo.
El tamaño también pesa. "Un mármol oscuro, con mucho movimiento, puede resultar espectacular en un baño de 20 m2. En uno de 3 m2 puede saturar visualmente". Antes de escoger por una fotografía, pide una muestra y compárala con el resto de acabados: la luz y el tono de los muebles cambian el resultado.
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© Yael VallésLas curvas tienen que resolver algo más que una cuestión estética
Arcos, hornacinas, paredes redondeadas y muebles de formas suaves se ven por todas partes. Laura disfruta trabajando con ellos, con una condición: "Conviene diferenciar entre incorporar una curva porque está de moda y utilizarla porque mejora la distribución, la circulación o la sensación de amplitud". Son una solución arquitectónica que puede seguir siendo válida dentro de veinte años.
En este caso, el equipo de Laura Martínez Interiorismo recuperó el arco original que diferencia la zona de estar de la cocina y el comedor. "Todo forma parte de un espacio abierto, con pavimento continuo, pero el arco introduce una separación visual sutil y conserva parte de la historia de la vivienda."
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© Doublespace PhotographyFotogénico, pero hecho para disfrutarlo
Un sofá modular, unas butacas de diseño, una mesa de centro escultórica, una alfombra neutra y, en el techo, una lámpara XL componen una escena muy vista. "Sinceramente, no me molesta que un salón parezca sacado de una revista –como este, un proyecto de Reigo & Bauer–, siempre que detrás exista un proyecto bien pensado y adaptado a quienes van a vivir en él", afirma Laura.
En este salón diseñado por el estudio de arquitectura Reigo & Bauer, la estética sofisticada responde a las preferencias y al estilo de vida de sus propietarios. El proyecto se planteó para crear espacios destinados tanto a recibir invitados como a relajarse, con una imagen cuidada y pensada para disfrutarla en el día a día.
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© Alex LesageUn baño a prueba de prisas matinales
Muchos baños contemporáneos comparten elementos similares (muebles suspendidos, lavabos escultóricos, grifería empotrada, hornacinas iluminadas…), pero para Laura no es un problema, siempre que sean soluciones que mejoran su funcionalidad.
"Soy una gran defensora de los muebles suspendidos", explica Laura. Dejan unos treinta centímetros libres hasta el suelo (lo vemos en este proyecto del estudio Entre Quatre Murs), simplifican la limpieza y permiten que el pavimento se prolongue por debajo. Si sumamos un espejo a medida, de pared a pared o hasta el techo, amplía además un baño pequeño.
Con los lavabos de sobreencimera es más selectiva. "Me parecen preciosos y los utilizamos en aseos de cortesía, donde el uso es puntual. Pero para el baño principal de una familia prefiero encimeras con lavabos integrados". También es partidaria de las griferías empotradas en lavabos y duchas. "Estéticamente ofrecen un resultado limpio y facilitan el mantenimiento porque eliminamos rincones donde se acumula suciedad."
La luz es otra prioridad. "Nosotras intentamos trabajar, como mínimo, con tres tipos independientes: luz general, luz de espejo y luz ambiental en alguna hornacina". Así se gradúa la intensidad según la tarea y se logra una atmósfera relajada por la noche.
Para personalizar el baño, fíjate en las texturas, los tonos de la madera, los muebles a medida y los revestimientos. No hay que renunciar a una solución extendida si encaja; lo importante es no limitarse a copiar una fotografía.
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© Yael VallésMás focos en el techo, no significa mejor iluminación
"Uno de los errores más habituales es llenar los techos de focos sin tener claro qué queremos iluminar", señala Laura. La luz técnica debe responder a una función concreta: destacar un cuadro, iluminar un armario o acompañar una zona de paso. Los puntos, además, necesitan orden visual, alineados y con una composición coherente. Observa este proyecto de Laura Martínez Interiorismo, una cocina abierta al salón: el techo se queda liso y limpio, con focos pequeños que pasan prácticamente desapercibidos, y dos lámparas de pantalla blanca sobre la isla se encargan de iluminar la zona donde se cocina y se desayuna.
"Solemos trabajar con ángulos de apertura bastante cerrados porque me gustan las manchas de luz definidas que se proyectan sobre el suelo o determinadas superficies", dice.
Con las tiras LED aplica el mismo criterio. "Me encanta la iluminación indirecta cuando está bien planteada, pero no soy partidaria de colocarla en todas partes por moda". Sirve para bañar una pared o resaltar un elemento arquitectónico, siempre con una finalidad clara.
En cuanto a la temperatura de color, su estudio trabaja con unos 3000K, una luz cálida y confortable; en lámparas de sobremesa y puntos ambientales se pueden elegir tonos aún más cálidos. "Lo que intento evitar es esa iluminación blanca y fría que hace perder la sensación de hogar", asegura.