Joshua Wong, la voz prodemocrática que revolucionó Hong Kong y que hoy pide clemencia
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Joshua Wong, de 29 años, estaba más delgado cuando entró ayer en la Corte Suprema de Hong Kong. Algunos asistentes comentaron haberle visto de buen ánimo, sonriendo y saludando con la mano a los que le brindaban apoyo. Vestía una camisa azul, el mismo tipo de gafas que llevaba cuando fue portada de la revista Time en 2014 y los andares de quien parecía conocer el trayecto a la perfección. La de ayer fue su segunda declaración de culpabilidad bajo la ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en 2020. La primera, sumada a otros cargos, lo han tenido en prisión casi seis años.
El que fuera uno de los activistas prodemocráticos más influyentes de su generación ha admitido ante el tribunal que es culpable de conspirar con fuerzas extranjeras para que Hong Kong y China recibieran sanciones. Su abogado ha pedido clemencia con el fin de lograr una condena más leve. La argumentación se sustenta en que Wong ha reflexionado sobre sus actos durante estos años entre rejas y en que quiere cuidar de sus padres cuando recupere la libertad. Actualmente cumple cuatro años y ocho meses por su papel en unas primarias no oficiales de la oposición en 2020. Tras su admisión de culpabilidad, su salida de prisión prevista para enero de 2027 no está garantizada, ya que el delito que acaba de admitir puede castigarse con entre tres y diez años de cárcel y, en los casos considerados graves, con cadena perpetua.
El hombre que hoy se declara culpable era tan sólo un adolescente cuando hace poco más de una década parecía demasiado joven como para ser tomado en serio. En 2011, con 14 años, creó Scholarism, un movimiento estudiantil que se opuso a los planes de introducir en las escuelas de Hong Kong una asignatura de "educación nacional" promovida por Pekín. Wong denunciaba que aquel programa presentaba una visión excesivamente favorable del Partido Comunista y omitía episodios como la matanza de Tiananmen de 1989.
Al año siguiente, ayudó a organizar una movilización estudiantil que terminó convirtiéndose en una manifestación multitudinaria que llenó las calles con unas 100.000 personas. El Gobierno de Hong Kong acabó retirando el proyecto y la figura de este joven con apariencia tímida que se transformaba cuando tomaba el micrófono y se dirigía a la multitud fue ganando peso. Wong entendió muy pronto que la juventud de la región administrativa tenía poder real. Lo que no sabía era el precio que acabaría pagando.
El rostro de la Revolución de los Paraguas
Su fama internacional llegó a los 17 años. En septiembre de 2014 lideró un boicot entre estudiantes de secundaria contra una reforma electoral que, en la práctica, permitía a Pekín filtrar a los candidatos para liderar Hong Kong. La noche del 26 de septiembre encabezó una irrupción de estudiantes en la Plaza Cívica, frente a la sede del Gobierno. Fue detenido por allanamiento y pasó 46 horas bajo custodia policial. Aquello precipitó, dos días después, el estallido de las ocupaciones masivas conocidas como la Revolución de los Paraguas —los manifestantes los usaban para protegerse de los gases lacrimógenos—. Tras su detención, Wong se dirigió a los participantes y aseguró que la lucha por la democracia plena no había terminado: "Quedaos", les pidió. Y muchos se quedaron.
Las grandes ocupaciones de 2014 no habían conseguido su objetivo y la desazón mutó en indignación. En febrero de 2016, una protesta en defensa de los vendedores ambulantes a los que las autoridades querían desalojar del bullicioso barrio de Mong Kok, antiguo bastión de las ocupaciones de 2014, acabó con incendios, lanzamiento de ladrillos y policías disparando al aire. Hubo más de 60 detenidos. La fractura era notoria y trascendió a la cuestión de fondo de todo hongkonés: ¿serían capaces de sobrevivir a la creciente sombra de Pekín?
Para la generación de Wong la respuesta era evidente. Comenzó así una etapa mucho más combativa, donde las protestas dejaron de ser suficientes. Ese mismo año, el joven activista cofundó Demosisto, un partido que defendía una mayor autonomía y la posibilidad de que los hongkoneses decidieran su futuro político. Uno de sus compañeros de aquella generación, Nathan Law, acabaría convirtiéndose en el legislador más joven de la historia de la región autónoma antes de marcharse al exilio.
El peso de la ley de seguridad nacional
Law evadió la época de mayor tensión que acabó con Wong entre rejas. En 2019, Hong Kong volvió a las calles contra una ley de extradición que habría permitido enviar sospechosos a China continental. Wong regresó a la primera línea y fue detenido en agosto. Un año después, Pekín impuso la ley de seguridad nacional, que castigaba la secesión, la subversión, el terrorismo y la colaboración con fuerzas extranjeras con penas de hasta cadena perpetua. Demosisto se disolvió y Wong quedó fuera de las elecciones.
Desde ese momento, el rosario de condenas cayó sobre él. En diciembre de 2020 fue condenado a 13 meses y medio por las protestas del año anterior. Mientras cumplía esa pena, fue procesado junto a otros 46 activistas por las primarias opositoras de 2020 y, en noviembre de 2024, recibió otros cuatro años y ocho meses de prisión. Hace poco más de un año, le llegó el cargo del que ayer se declaró culpable: conspirar con fuerzas extranjeras por una campaña internacional para que Gobiernos presionaran a Hong Kong y China.
A la espera de que el tribunal dicte la fecha de la sentencia, Wong se aferra a la clemencia de un sistema judicial hongkonés que, bajo la creciente influencia de Pekín, se distancia cada vez más de la benevolencia.