El paraíso insular que actúa como centro secreto para evadir las sanciones contra Rusia
Las playas de arena blanca, las aguas turquesas y los exclusivos complejos turísticos de este archipiélago del sur de Asia atraen a millones de turistas cada año. Sin embargo, tras ese escenario de postal, ha surgido discretamente un nuevo negocio: una red de empresas que ayuda a Rusia a sortear las sanciones internacionales.
Cientos de millones de dólares en mercancías restringidas o destinadas a empresas sancionadas han cambiado de manos en el aeropuerto, según documentos revisados por The Wall Street Journal y entrevistas con funcionarios occidentales. Algunos de estos productos tienen un uso tanto civil como militar. Las bodegas de carga del aeropuerto se llenan con frecuencia de repuestos para aeronaves y componentes electrónicos, así como de otros bienes regulados, según revelan los documentos y las fuentes oficiales.
El volumen de mercancías que transita por las Maldivas es relativamente pequeño en comparación con las rutas principales de Rusia para evadir sanciones —como China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos, que en conjunto representan alrededor de 15.000 millones de dólares anuales en importaciones rusas restringidas—. Pese a ello, el tráfico a través de las Maldivas, hasta ahora inédito en la prensa, pone de manifiesto el alcance de la estrategia rusa para sortear las restricciones de Occidente, convirtiendo incluso rincones pequeños e inesperados del planeta en vías de suministro.
A lo largo de más de cuatro años de guerra, Moscú ha demostrado repetidamente su capacidad para detectar fisuras en el régimen de sanciones, obligando a los funcionarios occidentales a jugar al gato y al ratón en sus intentos por frenar el flujo de bienes que sostiene el esfuerzo bélico y la economía rusa.
La documentación analizada por el Journal —guías aéreas, manifiestos de carga y correos electrónicos entre empresas de logística— ilustra el funcionamiento de este mecanismo en las Maldivas.
Cada mañana aterriza en el aeropuerto de Malé un vuelo comercial de Aeroflot, la principal aerolínea rusa. Allí, intermediarios locales coordinados con empresas de logística vinculadas a Rusia gestionan el despacho aduanero de productos procedentes de Estados Unidos, Europa y China. A continuación, la mercancía se carga en los vuelos de Aeroflot, que unas dos horas más tarde despegan de regreso a Moscú con los cargamentos.
Una vez en Rusia, los productos se distribuyen, en ciertos casos, a entidades bajo sanciones. Entre ellas figura S7 Airlines, la mayor aerolínea nacional de Rusia, y sus filiales de mantenimiento, las cuales han enfrentado serias dificultades para conseguir repuestos destinados a su flota de aviones envejecidos.
"Esto demuestra la existencia de canales eficaces muy alejados de los sospechosos habituales", señaló Pavlo Shkurenko, investigador en sanciones del Instituto de la Escuela de Economía de Kiev.
El gobierno maldivo y la empresa estatal gestora del aeródromo, Maldives Airports Company, no respondieron a las solicitudes de comentarios.
El archipiélago de las Maldivas está compuesto por más de mil islas, muchas de las cuales albergan un único complejo hotelero. Más de dos millones de turistas visitan las islas anualmente, cautivados por aguas transparentes donde observar tortugas, mantarrayas y tiburones ballena. Malé, en contraste, parece otro mundo: se trata de una de las ciudades con mayor densidad demográfica del planeta, cuyas estrechas calles bullen con un tráfico incesante de motocicletas y ciclomotores.
Parte del éxito de Rusia a la hora de canalizar mercancías a través de las Maldivas radica en sus vínculos económicos con el país insular. Los turistas rusos representan la segunda nacionalidad más numerosa tras los ciudadanos chinos. Por tanto, una crisis diplomática con Moscú amenazaría la economía de las Maldivas, que aún se recupera del retroceso sufrido por el sector turístico durante la pandemia.
En la actualidad, el ejecutivo maldivo no solo ingresa fondos mediante los tributos aplicados al turismo, sino también gracias al auge comercial. La Maldives Airports Company registró beneficios récord en 2024, posicionándose como la empresa estatal más rentable del país. La entidad recauda tarifas comerciales y de manipulación de carga, además de revender combustible con un margen de ganancia.
Ciertos suministros enviados desde Malé hacia Moscú están catalogados bajo las sanciones como bienes de doble uso, lo que implica que pueden emplearse con fines tanto civiles como militares; por ejemplo, para abastecer a la castigada industria aeronáutica rusa.
Entre los envíos registrados figuran microchips aptos tanto para tecnología civil como para sofisticados sistemas de guiado de misiles, instrumental óptico necesario en satélites destinados a monitorizar tropas enemigas, y pernos y remaches aeroespaciales de alta resistencia, útiles indistintamente para aviones de pasajeros, cazas militares o cohetes de largo alcance.
Las estadísticas aduaneras oficiales de las Maldivas reflejan un volumen insignificante de exportaciones directas a Rusia entre 2022 y 2025: apenas unos 2.300 dólares en atún y 25 dólares en folletos informativos. Sin embargo, los datos comerciales rusos recopilados por Import Genius, una firma de investigación estadounidense, muestran que las importaciones de Rusia procedentes de las Maldivas —una nación prácticamente sin tejido industrial— se dispararon a más de 630 millones de dólares en 2022 (año en que comenzó la invasión a gran escala), frente a los escasos siete millones de 2021.
Rusia importó 160 millones de dólares en 2024, el último ejercicio completo disponible en los registros de Import Genius. El director de investigación de la firma, William George, indicó que estas cifras probablemente subestiman el volumen real del comercio bilateral, y destacó que las autoridades rusas empezaron a censurar fragmentos de esta información en 2024 antes de bloquear totalmente el acceso a principios de 2025.
Estados Unidos y Europa impusieron sanciones generalizadas contra Moscú a raíz de la invasión de Ucrania con el propósito de debilitar su base industrial y marginarla del comercio global. Como parte de estas medidas, congelaron cerca de 300.000 millones de dólares en activos del banco central ruso y desconectaron a las principales entidades financieras del sistema de mensajería Swift. Al mismo tiempo, un entramado de controles a la exportación cortó el acceso de Moscú a microchips avanzados, tecnología aeroespacial y maquinaria industrial indispensable para sostener su producción interna y su esfuerzo bélico.
Recientemente, los esfuerzos de los funcionarios occidentales se han concentrado en sellar vacíos legales y penalizar los métodos de evasión. Tanto Washington como la Unión Europea dirigen cada vez más sus medidas contra intermediarios de terceros países, tales como entidades bancarias y compañías logísticas que facilitan el flujo encubierto de suministros occidentales o el desvío de ingresos petroleros opacos hacia Rusia.
El ejecutivo de las Maldivas se halla bajo una presión creciente de Estados Unidos y Europa para clausurar esta ruta, según las fuentes oficiales consultadas. Las autoridades locales están al tanto del problema y trabajan para resolverlo, de acuerdo con una persona familiarizada con el asunto.
Uno de los factores que complica la situación es la escasez de personal en la oficina de aduanas maldiva, lo que hace que los bienes en tránsito reciban revisiones mínimas, según la misma fuente. Por lo general, la carga en tránsito no se somete a inspecciones físicas, sino que el control se basa casi exclusivamente en la documentación.
El comercio, lejos de frenarse, continúa al alza. En julio, la Maldives Airports Company anunció un récord histórico de volumen diario de mercancía en tránsito por el aeropuerto, alcanzando las 126 toneladas de carga en una sola jornada. Aeroflot concentró el 12% del transporte de carga saliente durante la primera mitad del año, según informó la cadena estatal PSM News.
Los documentos revisados por el Journal reflejan que, al aterrizar la carga inicialmente, en la guía aérea figuran el nombre de la empresa exportadora y el del presunto comprador. No obstante, una vez en las Maldivas, una red de opacas empresas locales —como Freight Care y Go Investment— interviene para alterar los documentos de envío y trasladar la mercancía directamente por la pista, garantizando que nunca abandone el recinto aeroportuario ni quede registrada como entrada formal al país.
La carga nunca se clasifica como importación y pasa por controles aduaneros mínimos antes de transferirse de un avión a otro, confirmaron las fuentes oficiales. Se emite entonces una nueva guía aérea para el vuelo que conecta Malé con el Aeropuerto Internacional Sheremétievo de Moscú. Dicho documento omite el nombre de la empresa vendedora original, según revelan la documentación analizada y las fuentes oficiales occidentales.
A modo de ejemplo, en mayo de 2024 la compañía alemana Kraemer Mining vendió bombas, baterías, correas trapezoidales y otros componentes valorados en unos 9.000 euros (alrededor de 10.400 dólares) a Peretsvo, una firma con sede en Kirguistán. La mercancía voló primero desde Düsseldorf (Alemania) hasta Malé en un avión de Emirates. Freight Care, consignada en la guía aérea como primer contacto, tramitó la documentación requerida para gestionar el tránsito por el aeropuerto maldivo, de acuerdo con funcionarios occidentales y la propia compañía.
Días después, el cargamento se embarcó en un vuelo de Aeroflot rumbo a Moscú. La aerolínea emitió una segunda guía aérea sin referencia alguna a Kraemer Mining ni al origen de los productos. En su lugar, el nuevo documento designaba como destinatario a Gruppa Kompaniy Tehno, un importador ruso ubicado en Krasnoyarsk, centro industrial y económico de Siberia. Ni Gruppa Kompaniy Tehno ni Kraemer Mining respondieron a las solicitudes de comentarios.
El Journal localizó dos direcciones distintas para Freight Care: una consignada en las guías aéreas y otra en el registro mercantil oficial del país. Ambas apuntaban a edificios de oficinas colindantes en Malé, con la delegación de Aeroflot ubicada justo en medio de ellos. Al visitar ambos inmuebles, no se halló rastro alguno de las oficinas de la empresa.
Hussain Waheed, director general de Freight Care, declaró que la firma gestionó mercancía en tránsito en Malé con destino a Rusia, pero negó haber colaborado a sabiendas en el envío de artículos destinados a la fabricación de armamento. "No apoyamos ninguna guerra", afirmó.
Por su parte, la dirección atribuida a Go Investment en los documentos correspondía a una pequeña tienda de productos electrónicos. Ese mismo domicilio figuraba asociado a múltiples compañías en el registro mercantil de las Maldivas. Al ser contactado, el individuo inscrito como director general o miembro del consejo de administración de todas esas empresas afirmó que no podía hablar y colgó el teléfono, sin responder a posteriores mensajes.
Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.