Diana Jiménez, psicóloga: "La llegada de los hijos no destruye la pareja, expone lo que ya estaba frágil"

Diana Jiménez, psicóloga: "La llegada de los hijos no destruye la pareja, expone lo que ya estaba frágil"

Por mucho que una pareja desee tener hijos, la realidad es que, cuando estos llegan, todo cambia y no todo es tan idílico como se esperaba. Las noches sin dormir, el cansancio y, en el caso de la mujer, los cambios hormonales y la recuperación posparto influyen, pero no se queda ahí, en los primeros meses de vida del bebé; a medida que el hijo va creciendo, pueden surgir diferencias en la manera de criar o de entender lo que es mejor para él o para ella. También es frecuente que aparezca eso que se ha dado en llamar 'carga mental femenina', que viene a ser que es la madre la que tiene en mente todo lo relativo al cuidado de los hijos: citas médicas, tareas escolares, cumpleaños de amiguitos… Algo que pesa mucho más de lo que sus parejas imaginan.

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¿Cómo afrontar la crianza de los hijos sin que la relación de pareja se resienta? Se lo hemos preguntado a Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja y autora del libro Pareja en positivo: Cómo cuidar la relación con la llegada de los hijos (Ed. Sentir). La experta nos aclara qué tener en cuenta y revela también que es lo que ambos progenitores no deberían hacer para lograr que las diferencias entre ellos no les dañe como pareja (ni tampoco a sus hijos).

Si papá dice que no hay postre y mamá lo permite, el hijo no aprende límites; aprende a manipular.

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja

¿Cómo impacta la llegada de los hijos en la relación de pareja?

La llegada de los hijos no destruye la pareja: expone lo que ya estaba frágil. Es como encender la luz en una habitación oscura. El cansancio, la falta de tiempo, las diferencias educativas... todo se amplifica.

Lo que observo en consulta es que muchas parejas no entienden que esta es una crisis normativa, no una patología. Es un punto de inflexión donde se puede crecer juntos o divergir. El libro ofrece una hoja de ruta para que esa crisis sea transformadora, no destructiva.

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En él hablas de la problemática de que papá y mamá eduquen de manera diferente a los hijos. ¿Cómo afecta a los niños esas diferencias entre las indicaciones, las normas y los límites que les ponen sus progenitores?

Los niños viven la inconsistencia como falta de seguridad. Si papá dice que no hay postre y mamá lo permite, el hijo no aprende límites: aprende a manipular. Pero lo más grave es el mensaje implícito: "Vuestras normas no importan".

Los niños necesitan que sus padres hablen el mismo idioma. No significa ser idénticos, sino alineados. Cuando lo logran, el cambio es radical: menos berrinches, menos ansiedad, menos conflicto.

Pareja feliz con su hija© Getty Images

¿Es posible llegar a un entendimiento cuando cada miembro de la pareja tiene un estilo educativo diferente con los hijos?

Totalmente. La diferencia no es el problema; la negación sí.

Primero: reconocer que tienen puntos de vista válidos ambos sin que uno tenga razón. Segundo: pactar juntos qué límites son no-negociables. Tercero: presentar eso unido a los hijos.

Esto es lo que el libro trabaja: cómo convertir las diferencias en una fortaleza, no en una grieta.

Educar juntos no es rendirse a lo que el otro quiere; es asumir que somos un equipo con objetivos comunes.

Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja

Hablas de "carga mental" y del mito de "ayudo en casa". ¿Qué es lo que más pesa en una relación de pareja?

El "ayudo" es un verbo que mata. Implica que la casa es responsabilidad de uno y el otro colabora. Eso genera resentimiento.

Lo que realmente pesa es la gestión invisible: recordar que faltan pañales, la cita del pediatra, qué comen mañana. Es trabajo mental sin fin que recae, casi siempre, en una sola persona.

Mientras no se vea eso como trabajo compartido, la pareja no descansa. Y una pareja exhausta no se elige. No prospera. Y aparecen los conflictos, los reproches, las críticas… Que van haciendo mella en la relación. 

¿Qué hacer cuando aumentan las discusiones a causa de los hijos?

Primer síntoma: es señal de que algo no está siendo comunicado. Las parejas no discuten por lo que piensan diferente; discuten porque no hablan mientras están tranquilas. Hablan desde un secuestro amigdalar, no desde una corteza prefrontal.

Mi recomendación: reserven 20 minutos semanales para hablar sin hijos, sin pantallas, sobre qué está doliendo. No para resolver, sino para ser escuchados. Parar cuando notan que el tono cambia, cuando empezamos a dejar de mirarnos a los ojos, cuando notamos que cada vez hay más distancia entre ellos. Reservarse un tiempo, solo para ellos, no para cuestiones de intendencia, sino para recordar que son pareja, que la pareja es un tercero que hay que cuidar. Eso cambia todo.

Pareja en positivo, de Diana Jiménez© Editorial Sentir

¿Cuándo es recomendable ir a terapia de pareja?

Cuando se sienten solos estando juntos. O cuando notan que se hablan cada vez menos, o que cada conflicto se repite en bucle.

No esperen a que suene la alarma. La terapia es mantenimiento preventivo, no cirugía de emergencia. Las parejas que trabajan temprano preservan lo que construyeron. Hay muchas parejas que "aguantan" tanto que, cuando llegan a consulta, es muy difícil trabajar. Es como si estiras una goma… llega a un punto en que si sigues estirando se va a romper, se deforma… que vuelva a su estado original será difícil o imposible.

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Cuando los hijos tienen conductas disruptivas, se suele complicar la situación si ya se vienen arrastrando problemas de pareja. ¿Cómo hacer frente a esto, especialmente si los padres tienen estilos educativos diferentes, y funcionar como un equipo?

Aquí es donde se gana o se pierde todo. Un hijo desregulado necesita adultos regulados. Si papá y mamá están en guerra, el hijo amplifica su caos para intentar unirlos.

Paso uno: calmarse los padres primero. Paso dos: hablar sin el hijo. Paso tres: presentar límite amable y firme, juntos.

El libro tiene protocolos específicos para esto

Una pareja, feliz con sus dos hijos© Getty Images

¿Qué estrategias son más eficaces para evitar discusiones de pareja?

No se trata de evitarlas; se trata de cambiar cómo discuten. John Gottman lo señala: si un conflicto empieza con crítica, desprecio, actitud defensiva o bloqueo, está perdido. Antes de hablar, pregúntense: ¿quiero tener razón o quiero a esta persona? La respuesta reorienta todo.

¿Qué es lo que toda madre y todo padre debería saber acerca de cómo educar en pareja?

Que educar juntos no es rendirse a lo que el otro quiere. Es asumir que somos un equipo con objetivos comunes: criar hijos seguros, enseñarles a convivir, y que la pareja sobreviva y prospere.

Eso requiere aprender a negociar, ceder sin resentimiento, y entender que a veces el otro tiene razón. Pareja en Positivo es el mapa para hacerlo posible.