De plañideras a bailarines por contrato para animar fiestas

De plañideras a bailarines por contrato para animar fiestas

Durante años, las plañideras fueron contratadas para llorar en funerales y acompañar el duelo; ahora, en el otro extremo de las emociones, hay quienes pagan para garantizar que la alegría no falte y ninguna persona pase una celebración sentada simplemente porque llegó sin pareja.

Para eso nació “Vamos a Bailar”, un proyecto encabezado por Rodrigo Medina que lleva acompañantes a cumpleaños, XV años y otros eventos sociales, donde su misión no consiste en ofrecer un espectáculo, sino en mezclarse con los asistentes, descubrir quién tiene ganas de moverse y darle ese pequeño empujón que lo lleve de la mesa a la pista de baile.

El servicio base cuesta cinco mil 500 pesos e incluye tres integrantes durante cinco horas, aunque la cantidad puede ajustarse desde uno hasta cinco participantes de acuerdo con las necesidades del cliente, mientras que la contratación más elevada que han recibido alcanzó los ocho mil 500 pesos.

Estos trabajos se ofrecen en agencias especializadas, academias de baile, agencias de eventos y también hay quienes, como Rodrigo, tienen mayor promoción a través de redes sociales,  donde además muestran su trabajo. 

Una vez en el lugar, pueden colocarse cerca del área destinada al baile y observar quién llegó solo o permanece apartado cuando comienza la música, aunque algunas familias prefieren señalar previamente a las personas que quieren ver disfrutando de una cumbia, salsa o cualquier otro ritmo.

“Hay personas que sí les da muchísima pena y se esperan hasta que nosotros las saquemos a bailar, que por supuesto esa es nuestra labor, pero hay otras que no les da para nada de pena y ellas van y nos buscan”, relató Medina.

Muchas solicitudes provienen de familiares que quieren asegurarse de que alguien especial disfrute la reunión, como hijas que preparan el cumpleaños de su madre o quienes organizan unos XV años o una boda y saben de antemano que entre tías, mamás, sobrinas y demás asistentes habrá quienes acudirán sin acompañante.

Dentro del equipo existe además una condición indispensable para los integrantes: nadie puede escoger a quién atender, pues el propósito es acercarse a cualquier mujer que desee participar.

“Yo necesito que bailes con todas las mujeres que quieran bailar en la fiesta, sean como sean”, afirmó.

Entrar a la agrupación requiere conocimientos más avanzados de baile, aunque no existe un casting tradicional, pues los aspirantes son puestos a prueba directamente durante un evento, donde Medina observa cómo interactúan con la gente, su facilidad para sonreír, el carisma y la capacidad de animar sin dejarse vencer por la vergüenza.

Más allá de dominar determinados pasos, otro requisito es disfrutar genuinamente la actividad, ya que para Rodrigo resulta perceptible cuándo alguien se divierte y cuándo únicamente espera terminar la jornada para recibir su pago.

La cumbia es su especialidad personal y junto con la salsa, concentra buena parte de lo que domina el conjunto, aunque sus miembros se adaptan a géneros como rock and roll y quebradita, además de incorporarse a las batucadas cuando coinciden con el horario contratado.

Hace aproximadamente tres o cuatro años, el creador de “Vamos a Bailar” formó parte de otro grupo dedicado a una actividad similar en un salón de fiestas, experiencia que posteriormente dejó para iniciar su propia propuesta hace alrededor de año y medio.

Al principio recurrió a amigos de la zona donde vive; sin embargo, varios tomaron otras oportunidades laborales y las redes sociales terminaron convirtiéndose en la vía para renovar el conjunto, pues jóvenes interesados comenzaron a contactarlo mediante TikTok y Facebook.

Los primeros meses tuvieron poca actividad y la promoción se realizaba desde su perfil personal, hasta que la apertura de una página exclusiva ayudó a aumentar la difusión, con alrededor de 30 o 40 celebraciones cubiertas desde el arranque de esta etapa independiente.

Desde mediados de junio, la demanda comenzó a crecer con mensajes para pedir informes y apartar fechas, periodo que Medina describe como el de mayor carga laboral que han experimentado hasta ahora.

“A partir de mediados de junio para acá hemos estado a tope de trabajo”, señaló.

Ixtapaluca, Estado de México, concentra su principal zona de operación, seguida por el centro de la Ciudad de México, aunque pueden desplazarse hacia otros puntos si quienes solicitan el servicio cubren la tarifa correspondiente al traslado.

Después de cinco horas, la expectativa es sencilla: conseguir que quien llegó pensando que permanecería en su lugar pierda la pena y vuelva a casa recordando una experiencia distinta. 

“Que diga ‘qué bonito bailé’ o ‘hace mucho no bailaba así’”, expresó Medina. 

Frida Valencia

Ilustración: Geraldine cruz

EEZ