Asuntos de familia

Asuntos de familia

Las familias no siempre son lo que parecen. Familias vemos, pleitos no sabemos. El comentario viene a colación por lo sucedido la semana pasada con los señores José Ramón y Andy López Beltrán. A uno le quitaron la visa y el otro se pasea alegremente por la Unión Americana. Ignoramos qué sucede en la relación entre esos dos sujetos pero llama la atención que uno haya tenido que anunciar que le cancelaron la visa norteamericana y el otro un par de días después hace circular una fotografía muy sonriente en algún lugar del país que impide el tránsito a su hermano.

Mientras el señor Andy reclama al presidente estadounidense la cancelación de su visa y exige que corra a funcionarios de primer nivel del gobierno, el hermano prefiere celebrar su estadía en aquel país con una camisa de una conocida tienda de conveniencia. Lo que uno sufre el otro lo celebra. Suele suceder. Las familias pueden ser de una solidaridad a prueba de todo o una galería de odios y competencia enconada. Los pleitos de familias llegan a ser tremendos en sus animadversiones. Se sabe: no hay guerras más crueles que las civiles.

Desde antes que llegara a la presidencia Andrés Manuel López Obrador se sabía que Andy era el consentido del papá para las cuestiones políticas. Era una suerte de operador del padre que lo llevaba a reuniones y le hacía encargos relevantes. Durante el gobierno del padre, el señor Andy gozaba de una enorme influencia en el gobierno. Fue público cómo colocó a sus amigos en puestos de importancia y varios de ellos se convirtieron súbitamente en proveedores del gobierno a nivel federal y estatal. El nombre de Andy comenzó a circular como el de un nuevo rico y próspero hombre de negocios particularmente en el ramo de los restaurantes de moda.

La riqueza del hijo consentido del presidente requirió que pusieran una chocolatería como pantalla para sus ingresos. Al señor Andy no se le conoce trabajo alguno en sus cuatro décadas de andar en el mundo. El partido de su papá le dio un cargo en el que no duró ni dos años y sus resultados fueron negativos. Ahora dice que va a ser candidato a diputado por un distrito en Tabasco. La semana pasada Andy anunció que ya no puede entrar a Estados Unidos pues le retiraron la visa.

El caso de José Ramón es distinto. Al parecer le gusta la política y le da por opinar en sus redes sociales sobre distintos temas. Marginado de la actividad por razones del puesto de su padre y porque Andy era quien recibía las encomiendas paternas, buscó refugio en la iniciativa privada y llegó a una cadena hotelera. Se enamoró y se casó con una mujer que se desempeñaba como consultora en materia energética.

A José Ramón le tocó cargar con los escándalos que ni siquiera rozaron a su hermano Andy. A él le tocó que le sacaran en medios su casa en Estados Unidos, el puesto en el que trabajaba, la renta que pagaba, los coches que utilizaba, los restaurantes a los que acudía. José Ramón simbolizaba la corrupción familiar y del movimiento mientras su hermano Andy abría negocios y colocaba a sus amigos. Paradojas de la vida, el tiempo demostró que el señor José Ramón era el tranquilo para los lujos, pero él pagó los platos rotos por sus hermanos.

A la mejor por eso, decidió celebrar con una foto que él sí puede estar en Estados Unidos mientras su hermano es tratado por ese país como si fuera un delincuente. Asuntos de familia que de pronto se vuelven públicos.

POR JUAN IGNACIO ZAVALA
 
@JUANIZAVALA

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