Vanessa González, experta en ciberseguridad: "El 15% de los menores ya ha pedido a sus padres o abuelos que no les hagan fotos o no las compartan"
Compartir momentos divertidos, entrañables u otros en los que los niños muestren alguna habilidad o destreza es una de las cosas que más ilusión hacen a los abuelos. Por eso es muy habitual que manden a sus amistades o a sus conocidos fotos de sus nietos, y más aún ahora, en verano, en que pequeños y adolescentes tienen más tiempo libre y hacen muchas más actividades. Sin embargo, al enviar esas imágenes o al subirlas a redes sociales, abuelos, tíos y otros familiares está tomando una decisión que no les corresponde acerca de la identidad digital de los menores, por mucho que lo hagan con la mejor de las intenciones. ¿Qué implica esto? ¿Cómo deberían gestionarlo los padres del menor? Nos lo aclara Vanessa González, experta en ciberseguridad y directora de Comunicación Kaspersky Iberia.
¿Qué tener en cuenta a la hora de compartir fotos de los hijos, incluso entre amigos y conocidos?
Compartir una imagen de un menor implica construir parte de su identidad digital antes incluso de que pueda decidir sobre ella. Por eso, antes de publicar o enviar una fotografía conviene preguntarse si esa imagen podría resultar incómoda para el niño en el futuro, qué información aporta y quién tendrá acceso a ella.
No se trata únicamente de evitar fotografías comprometidas, sino de valorar también todo aquello que una imagen puede revelar: ubicación, rutinas, colegio, actividades habituales o información sobre el entorno familiar. Una fotografía aparentemente inocente puede aportar más datos de los que pensamos.
Además, siempre que los menores tengan edad suficiente para comprenderlo, es recomendable incorporarles en la conversación y preguntarles si están de acuerdo con que esa imagen se comparta. Según el estudio de Kaspersky 'Sharenting: Privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital en España', el 15% de los menores españoles ya ha pedido a sus padres o abuelos que no les hagan fotos o no las compartan en Internet, una señal de que las nuevas generaciones empiezan a reclamar mayor control sobre su propia imagen.
Los abuelos tienen un papel importante dentro del fenómeno del sharenting.
¿Qué riesgos puede haber de no seguir esas premisas?
El principal riesgo es perder el control sobre una imagen una vez que se comparte. Aunque la intención inicial sea positiva, una fotografía puede acabar circulando fuera del contexto original, ser descargada, reenviada o utilizada por terceros sin autorización.
Además, la exposición continuada puede contribuir a crear una huella digital que acompañe al menor durante años, antes incluso de que tenga capacidad para decidir qué quiere mostrar sobre sí mismo.
Los propios padres son conscientes de esta preocupación: según la encuesta de Kaspersky, el 87% reconoce estar preocupado porque las fotografías de sus hijos puedan acabar en manos de terceros. Sin embargo, existe todavía una diferencia entre conocer el riesgo y actuar para reducirlo: el 47% de los padres españoles admite publicar imágenes de sus hijos menores en Internet.
Los abuelos disfrutan enviando fotos de sus nietos a sus amistades, especialmente ahora, en verano, época en la que suelen pasar más tiempo con ellos. ¿Qué datos tenéis acerca de la manera en la que estos comparten fotos de los niños?
Los abuelos tienen un papel importante dentro del fenómeno del sharenting, ya que muchas veces comparten imágenes con la misma intención que los padres: mostrar momentos familiares, mantener conectados a amigos y familiares y compartir recuerdos de sus nietos.
Según los datos de Kaspersky, más de la mitad de los encuestados (52%) afirma tener nietos menores, lo que muestra el peso de este colectivo dentro de la conversación sobre privacidad digital familiar. Entre ellos, el 62% asegura pedir siempre permiso a los padres antes de publicar o compartir una foto de sus nietos, aunque todavía un 24% reconoce hacerlo solo en algunas ocasiones y un 13% considera que, por ser abuelos, tiene derecho a compartirlas sin solicitar autorización.
Además, los datos muestran que el intercambio de imágenes familiares no se limita a las redes sociales. De hecho, WhatsApp es el principal canal utilizado para compartir fotos de hijos y nietos, elegido por casi la mitad de los encuestados (49%), lo que refleja que muchas imágenes circulan en entornos aparentemente privados.
Precisamente por eso es importante recordar que una imagen enviada por WhatsApp también puede reenviarse, almacenarse o acabar fuera del círculo inicial de confianza. La privacidad no depende únicamente de que compartamos una fotografía con familiares o amigos, sino del control que perdemos sobre ese contenido una vez que sale de nuestro dispositivo.
En las redes sociales parece que la mayoría de las personas ya tienen más integrado que hay que pedir permiso a los padres para subir fotos de los niños, pero no ocurre lo mismo en plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp. ¿Cuáles son los riesgos de hacerlo por esta vía?
WhatsApp suele percibirse como un entorno más seguro porque normalmente compartimos imágenes con familiares y amigos, pero eso no significa que el riesgo desaparezca. Una fotografía enviada por esta vía puede reenviarse, guardarse en otro dispositivo o difundirse sin que la familia tenga conocimiento. Además, funcionalidades como los Estados de WhatsApp pueden hacer que una imagen sea visible para un grupo amplio de contactos si no se revisan correctamente los ajustes de privacidad, aumentando la exposición del menor.
Desde Kaspersky insistimos en que la pregunta clave no debería ser únicamente "¿dónde comparto la imagen?", sino "¿es realmente necesario compartirla?". Una aplicación de mensajería puede reducir la exposición pública frente a una red social abierta, pero no elimina la posibilidad de perder el control sobre el contenido una vez compartido.
¿Qué se puede hacer para que los abuelos y otros familiares no compartan sin permiso las fotos de los nietos tampoco por WhatsApp?
Lo más importante es establecer una conversación familiar clara antes de que surja un problema. Muchas veces los familiares comparten imágenes con una intención positiva, sin ser conscientes de que están tomando una decisión sobre la identidad digital de otra persona.
Algunas recomendaciones son acordar previamente qué tipo de imágenes pueden compartirse, con quién y por qué canales; evitar fotografías que incluyan información sensible; y recordar que, aunque el grupo sea privado, una imagen puede dejar de estar bajo nuestro control.
También es importante incluir a los menores en esta conversación cuando tengan edad suficiente. De hecho, la encuesta de Kaspersky refleja que todavía queda camino por recorrer: el 19% de las familias reconoce que nunca ha hablado con sus hijos sobre la posibilidad de eliminar fotografías ya publicadas, mientras que un 13% tampoco ha abordado si desean que se compartan nuevas imágenes.
La clave no es dejar de compartir recuerdos familiares, sino hacerlo de una forma más consciente.
En los últimos dos años ha variado la percepción del sharenting, se es más consciente de los riesgos. ¿Qué cambios habéis contrastado en este sentido?
Sí, observamos una mayor concienciación sobre la importancia de proteger la privacidad digital de los menores. Cada vez más familias entienden que compartir una imagen no es un gesto neutro, sino una decisión que puede afectar a la identidad digital del niño.
Esta mayor sensibilidad se refleja también en la forma en la que muchas familias comparten ahora contenido de sus hijos: aunque las fotografías siguen formando parte de la vida digital familiar, es cada vez más habitual adoptar medidas para reducir la exposición, como ocultar el rostro de los menores con emojis, utilizar perfiles privados o limitar el alcance de las publicaciones.
Los datos muestran esta evolución: aunque muchos padres siguen compartiendo fotografías, también existe una mayor reflexión sobre las consecuencias. Casi el 29% de los padres que comparten imágenes de sus hijos reconoce haberse arrepentido de haberlo hecho: un 14% ha eliminado parte del contenido y un 15% lamenta haberlo publicado, pero todavía no lo ha retirado.
Además, cuando los menores expresan su opinión, la mayoría de las familias está dispuesta a reaccionar: el 43% de los padres eliminaría algunas fotografías si su hijo se lo pidiera y un 40% revisaría todo el contenido compartido hasta ese momento.
Ahora ha irrumpido con fuerza la Inteligencia Artificial; ¿qué relación hay entre la IA y el sharenting?
La Inteligencia Artificial añade una nueva dimensión al debate sobre el sharenting, ya que aumenta las posibilidades de uso, transformación y manipulación de las imágenes compartidas en Internet.
Una fotografía de un menor publicada online ya no solo puede ser descargada o reenviada, sino también utilizada como base para crear nuevos contenidos mediante herramientas de IA generativa. Por ejemplo, una imagen aparentemente inocente puede modificarse para cambiar el contexto, alterar la apariencia del menor o integrarse en una imagen completamente diferente. Esto puede dificultar todavía más que las familias mantengan el control sobre dónde aparece la imagen de sus hijos y cómo se utiliza.
Además, las imágenes compartidas pueden aportar información sobre la identidad, los gustos, el entorno o las rutinas del menor, datos que pueden ser utilizados para crear perfiles digitales más detallados. Aunque la Inteligencia Artificial ofrece muchas oportunidades, también hace todavía más importante reflexionar sobre qué imágenes dejamos disponibles en Internet y qué huella digital estamos construyendo para nuestros hijos.
Por eso, la huella digital de un niño debe entenderse como algo que empieza mucho antes de que tenga edad para decidir sobre ella. Cada fotografía compartida contribuye a construir una identidad digital que en el futuro será suya, pero sobre la que quizá no haya tenido capacidad de elección.
¿Qué precauciones pueden seguir las familias respecto a esta nueva realidad?
Las familias deben aplicar una combinación de sentido común y buenos hábitos digitales:
- Pensar antes de publicar y preguntarse si esa imagen seguirá siendo adecuada dentro de unos años.
- Pedir opinión al menor cuando tenga capacidad para comprender la situación.
- Evitar compartir información que permita identificarle fácilmente, como colegio, ubicación, rutinas o datos personales.
- Revisar periódicamente las fotografías compartidas y eliminar aquellas que ya no sea necesario mantener.
- Configurar correctamente la privacidad de las redes sociales y limitar quién puede acceder al contenido.
- Proteger los dispositivos donde se almacenan estas imágenes utilizando contraseñas seguras, actualizando regularmente los sistemas y aplicaciones y contando con soluciones de seguridad que reduzcan el riesgo de accesos no autorizados.
La clave no es dejar de compartir recuerdos familiares, sino hacerlo de una forma más consciente. Compartir momentos importantes y proteger la privacidad de los menores no son objetivos incompatibles, siempre que la decisión se tome pensando también en el futuro del niño.
