Valentina Centeno: La maternidad nutre su liderazgo político

Valentina Centeno: La maternidad nutre su liderazgo político

La asambleísta Valentina Centeno se encuentra atravesando una etapa marcada por importantes cambios. A sus responsabilidades políticas se suma ahora la maternidad, un nuevo rol que, reconoce, ha transformado su manera de ver el trabajo, la productividad y hasta su identidad. En esta entrevista, la asambleísta electa por Manabí, por Acción Democrática Nacional (ADN), presidenta de la Comisión de Desarrollo Económico de la Asamblea Nacional y directora nacional política de su partido, recuerda sus inicios en la política hasta convertirse en madre.

Su llegada a la política no estaba inicialmente en sus planes, admite. Centeno tenía previsto viajar a España para realizar una maestría cuando recibió una llamada del presidente Daniel Noboa. Para entonces ya contaba con experiencia en el sector público, como coordinadora zonal de Deporte en Manabí y Santo Domingo y subsecretaria de Educación Física en el Ministerio del Deporte.

El encuentro terminó cambiando sus planes. Tenía 26 años cuando decidió aceptar el reto; entonces no imaginaba la dimensión que adquiriría su nueva vida. “Ha sido el mayor placer poder servirle al país”.

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Deporte y política

Pero antes de la política estaba el deporte, faceta que había ocupado un lugar central. Practicó tenis desde los 6 años y, posteriormente, se dedicó al voleibol competitivo. De hecho, representó a Ecuador en competencias de la región y obtuvo una beca deportiva y académica para estudiar en Quito.

Esa trayectoria, sostiene, le proporcionó herramientas que hoy aplica tanto en la Asamblea como en su vida personal. “El deporte es lo que me ha abierto las puertas a todas las oportunidades grandes en mi vida”, afirma. Entre sus principales enseñanzas menciona la disciplina, la constancia y la determinación, pero también el trabajo en equipo. La mentalidad deportiva, explica, le ayuda a enfrentar los momentos más difíciles de la política: mantener el objetivo, visualizar la meta y continuar incluso cuando el camino se complica.

Aunque dejó el deporte competitivo para priorizar su educación, nunca se alejó completamente de la actividad física. Actualmente corre, hace pesas, va al gimnasio, nada ocasionalmente y juega tenis cuando tiene oportunidad. Para ella, hacer ejercicio no es solamente una cuestión física, sino una herramienta para cuidar su bienestar emocional. “No puedo trabajar sin hacer ejercicio por lo menos 30 minutos al día”, asegura.

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Voz por la salud mental

Poco a poco la salud mental y la importancia de la terapia están dejando la oscuridad y el secretismo. Paso a paso más personas admiten la necesidad del acompañamiento psicológico, normalizando la conversación sobre el bienestar emocional. Valentina Centeno es una de ellas.

La legisladora revela que la salud mental también ocupa un lugar importante en su rutina. Cuenta que acude a una psicóloga desde hace más de cuatro años; de hecho, retomó las sesiones con mayor frecuencia durante la maternidad. En este sentido, incluso sostiene que es necesario normalizar el acompañamiento psicológico entre personas que ocupan cargos públicos.

En general, la exposición pública tiene un costo, está segura. Ser una mujer joven en política significa estar sometida a un escrutinio intenso, lamenta. “Si ya yo crecía en un espacio donde tenía que pensar dos veces lo que hacía y cómo me vestía y cada decisión que tomaba, ahora en el mundo público es un poco incluso más difícil”, señala. No obstante, las críticas no suelen afectarla en lo personal. El límite está en su familia. “Cuando se meten con mi familia, sí, ahí sí he tenido épocas en donde me ha afectado bastante”, admite.

Maternidad maravillosa

En paralelo a la política, Centeno enfrenta uno de los cambios más importantes de su vida: la maternidad. Con ello, la idea de un domingo perfecto se ha transformado. Antes podía correr 10 kilómetros, reunirse con amigos o tomar vino. Ahora prefiere la tranquilidad de su casa en Manta, frente al mar, junto a su bebé Eloise (de casi 2 meses), preparar comida casera y cerrar el día conversando y planificando la semana con su esposo.

El cambio de una agenda política hipercompetitiva a la dinámica de un recién nacido ha supuesto un proceso de adaptación. Centeno reconoce que, como muchas mujeres trabajadoras, ha sentido culpa por no mantener inmediatamente los mismos niveles de productividad. Sin embargo, también ha comprendido que el cansancio, el sueño fragmentado y los cambios físicos y hormonales forman parte de un proceso biológico.

“Muchas mujeres somos un poco duras con nosotras mismas para regresar rápido a esa productividad y a esa voracidad del trabajo”, reflexiona. Su decisión ahora es tomarse el tiempo necesario para adaptarse, sin abandonar sus responsabilidades públicas.

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Para Centeno, convertirse en madre no significa desaparecer de la vida profesional. Al contrario, considera que las mujeres pueden desarrollar distintos roles sin renunciar a ninguno de ellos. “Somos perfectamente capaces de desarrollar distintos roles”, sostiene. Incluso cree que la maternidad ha fortalecido cualidades que podrán ser útiles en su trabajo y le ha permitido observar el mundo desde otra perspectiva. “Ahora ella es la jefa; ya no soy yo la jefa del tiempo”, bromea.

La maternidad también le ha permitido descubrir una identidad que, confiesa, permanecía protegida detrás de la coraza política: la ternura. Centeno se ha reconectado con sentimientos que en el mundo político pueden percibirse como signos de debilidad. “Eso que se piensa que es debilidad realmente son sentimientos lindos: la ternura, el poder estar con ella, el valorar el amor en completamente otro contexto”, explica.

Su hija, sin duda, ha cambiado su concepto de la felicidad. “Todo lo que creía que era felicidad era mentira. Ahora realmente sé lo que es estar completamente feliz”, dice, puntualizando que esta nueva etapa no representa una pausa en su trayectoria, sino una transformación: una oportunidad para equilibrar la política, la familia, la maternidad y el cuidado personal. (E)