Qué hacer para proteger a niños y bebés del calor extremo
El calor apesta, y este año en particular, los niños tienen derecho a decir esto con todas sus letras. Ante los episodios de calor extremo que afectan cada vez con mayor frecuencia a Europa, es de vital importancia recordar que los bebés y niños menores de 5 años son especialmente vulnerables, ya que sus cuerpos aún no desarrollan las capacidades para regular la temperatura igual que un adulto sano, y pueden deshidratarse o sobrecalenterse rápidamente.
Con bebés y niños pequeños, durante una ola de calor es mejor prevenir que reaccionar. Estas son algunas recomendaciones prácticas para madres, padres y cuidadores.
I. No hay que permitir que los bebés se expongan directamente al sol.
Los menores de 6 meses deben mantenerse fuera de la luz solar directa. En niños mayores también conviene buscar la sombra, especialmente durante las horas de mayor intensidad solar, aproximadamente entre las 11:00 y las 15:00 horas. Si puedes, procura que no salgan de casa en torno al mediodía.
II. Nunca cubras la carriola con una manta.
Es una práctica común colocar una manta sobre una carriola o cochecito para proteger al bebé del sol, pero esto puede ser peligroso, ya que dificulta la circulación del aire y hace que la temperatura interior aumente rápidamente. Es preferible utilizar una sombrilla o un parasol diseñado especialmente para carriolas (por supuesto que existen ese tipo de productos). También hay que comprobar con frecuencia que el bebé no esté demasiado caliente.
III. Viste a los niños con ropa ligera.
Evita las capas innecesarias de ropa. Este no es momento de disfrazar a tu hijo de niño goth. Opta por prendas holgadas y ligeras, de preferencia de tejidos transpirables. En las noches especialmente calurosas, los bebés pueden necesitar muy poco ropa y prácticamente nada de piyama.
IV. Presta especial atención a la hidratación.
Hay que darle de tomar líquidos con frecuencia y no esperes a que el niño manifieste sed. Los bebés que toman pecho pueden querer alimentarse más a menudo durante los días de calor. En el caso de bebés pequeños, las necesidades de líquidos dependen de su edad y alimentación, por lo que, ante cualquier duda, conviene tener a la mano el teléfono o whatsapp del pediatra en lugar de improvisar.
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V. Mantén fresca la casa.
Durante las horas más calurosas, cierra persianas y cortinas en las habitaciones donde entra directamente el sol y mantén las ventanas cerradas si el exterior está más caliente que el interior. Cuando la temperatura exterior disminuya, especialmente por la noche, abre las ventanas para favorecer la ventilación. Si tienes aire acondicionado, no dudes en prenderlo. Si estás usando un abanico, no lo apuntes a la cara de un bebé, sino abanica por encima y alrededor para que circule el aire.
VI. Vigila especialmente el dormitorio.
Comprueba regularmente la temperatura de la habitación donde duerme el bebé. Un termómetro ambiental puede ser útil. Si el niño está sudando o se siente demasiado caliente en el pecho o la espalda, quítale una capa de ropa.
VII. No dejes nunca a un niño dentro de un coche.
Ni siquiera durante unos minutos, aunque las ventanas estén abiertas o el vehículo esté estacionado a la sombra. El interior de los coches puede alcanzar temperaturas peligrosas en muy poco tiempo. Esta regla también aplica para cualquier espacio pequeño y cerrado que pueda calentarse rápidamente.
VIII. Evita las actividades fisicas durante las horas de mayor calor.
Deportes, juegos intensos y excursiones deben trasladarse, siempre que sea posible, a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Durante el periodo más caluroso del día, es preferible realizar actividades tranquilas en lugares frescos y sombreados. ¿Videojuegos? ¿Caricaturas? Ahora es cuando.
IX. Protege la piel.
En los niños mayores de seis meses, utiliza un protector solar de amplio espectro con un SPF adecuado y vuelve a aplicarlo según las indicaciones del producto, especialmente después de nadar. Pero recuerda que el protector solar no sustituye a la sombra, la ropa y el sombrero. En menores de seis meses, la prioridad debe ser el punto número uno de esta lista: evitar la exposición directa al sol.
X. Aprende a reconocer las señales de alarma.
Dolor de cabeza, mareos, debilidad, náusea, sudoración excesiva, calambres o un comportamiento inusualmente decaído pueden indicar agotamiento por calor. En estos casos, conduce a tu hijo a un lugar más fresco y sombreado, dale bebidas frías y refréscalo con toallas húmedas o agua. La confusión, pérdida de conocimiento, deterioro rápido o una temperatura corporal por encima de los 40 grados son señales de una posbible emergencia por golpe de calor. En estos casos hay que buscar atención médida urgente, ya que un golpe de calor puede llegar a ser mortal, sobre todo para un bebé.
XI. No confíes únicamente en que el niño diga que tiene calor.
Los bebés no pueden comunicar con claridad que están sedientos o sobrecalentados, salvo llorando. Durante una ola de calor, los padres deben comprobar periódicamente cómo se encuentran, si están sudando, si parecen excesivamente somnolientos o irritables, y si están bebiendo o alimentándose normalmente.
XII. Ten un “plan de calor” familiar.
Antes de que llegue una ola de calor extremo, identifica las habitaciones más frescas de la vivienda, prepara agua y ropa ligera, y averigua dónde existen espacios climatizados o centros de enfriamento cercanos. También es convienente consultar las alertas meteorológicas y sanitarias locales. La OMS considera los planes de acción frente al calor una herramienta fundamental para reducir los riesgos de las temperaturas extremas.