Muere Yayoi Kusama a los 97 años, la artista que convirtió sus alucinaciones en un universo infinito

Muere Yayoi Kusama a los 97 años, la artista que convirtió sus alucinaciones en un universo infinito

Antes de que millones de personas hicieran cola para fotografiarse dentro de sus habitaciones infinitas, Yayoi Kusama ya vivía en una realidad sin límites. Veía flores que hablaban, destellos que ocupaban el espacio y estampados que salían de los objetos hasta cubrir las paredes, su cuerpo y todo cuanto la rodeaba. Aquellas alucinaciones comenzaron cuando era una niña y terminaron convirtiéndose en el origen de uno de los lenguajes artísticos más reconocibles del mundo.

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Yayoi Kusama pasó siete décadas transformando sus alucinaciones en arte universal© Getty Images
Yayoi Kusama pasó siete décadas transformando sus alucinaciones en arte universal

La artista japonesa Yayoi Kusama ha fallecido a los 97 años. Murió el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio y, según ha recordado su estudio al anunciar su muerte, continuó creando prácticamente hasta el final: "Siguió pintando hasta sus últimos días, sin soltar jamás el pincel".

Se marcha una mujer difícil de etiquetar. Pintora, escultora, performer, escritora y poeta, rompió con las fronteras del arte y convirtió aquello que durante años la atormentó en su lenguaje propio. El mundo tardó décadas en comprenderlo.

¿Cómo comenzó a pintar Yayoi Kusama?

Kusama nació en Matsumoto, Japón, en 1929, en una familia acomodada dedicada al negocio de las plantas. Su infancia, sin embargo, estuvo marcada por una complicada situación familiar y por una madre que se oponía a que se dedicara al arte y llegó a quitarle sus materiales.

Las visiones que la aterraban desde niña alimentaron una obra rompedora que tardó décadas en ser reconocida y terminó conquistando al mundo© Getty Images
Las visiones que la aterraban desde niña alimentaron una obra rompedora que tardó décadas en ser reconocida y terminó conquistando al mundo

Por entonces ya sufría las alucinaciones que marcarían toda su existencia. Las flores parecían hablarle y los dibujos de un mantel podían multiplicarse hasta invadir ante sus ojos las paredes, el techo e incluso su propio cuerpo. Kusama comenzó a plasmar aquellas visiones en cuadernos como “antídoto” para aliviar el miedo que le provocaban.

De ahí surgieron muchos de los elementos que décadas después se convirtieron en un arte único: los lunares, las redes interminables, las flores y la repetición obsesiva de una misma forma hasta hacer desaparecer sus límites.

Rompiendo lazos familiares

Su familia esperaba que se casara y llevara una vida convencional. Ella quería pintar. Estudió arte en Kioto, aunque también terminó rebelándose contra las rígidas normas de la pintura tradicional japonesa.

Entonces hizo algo que cambiaría su historia. Tras descubrir en un libro la obra de Georgia O'Keeffe, una de las grandes figuras del arte moderno estadounidense y célebre por sus pinturas de flores, Kusama se atrevió a escribirle para pedirle consejo. O'Keeffe le respondió y la animó a mostrar su trabajo.

Las 'Infinity Nets' fueron una de las primeras señas de identidad de Yayoi Kusama, enormes lienzos cubiertos de pinceladas repetitivas con las que buscaba crear una sensación de continuidad infinita© Getty Images
Las 'Infinity Nets' fueron una de las primeras señas de identidad de Yayoi Kusama, enormes lienzos cubiertos de pinceladas repetitivas con las que buscaba crear una sensación de continuidad infinita

Kusama terminó dejando atrás Japón y, a finales de los años cincuenta, llegó a Estados Unidos. Tras pasar por Seattle se instaló en Nueva York, donde empezó a abrirse camino con sus Infinity Nets, enormes lienzos cubiertos por pequeñas pinceladas repetidas hasta producir la sensación de que continuaban más allá de la tela.

Nueva York tampoco estaba preparada para ella

En los años sesenta, Kusama rompió moldes con sus llamativas esculturas, cuerpos desnudos cubiertos de lunares y habitaciones de espejos que parecían no tener fin. En plena guerra de Vietnam llevó la provocación todavía más lejos: organizó happenings antibelicistas y llegó a escribir a Richard Nixon ofreciéndole acostarse con él si ponía fin al conflicto.

Ser mujer y japonesa en una escena artística dominada por hombres tampoco se lo puso fácil. Kusama sostuvo durante años que algunos de sus contemporáneos se habían apropiado de ideas similares mientras ella permanecía en los márgenes.

Kusama ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio en 1977 y continuó trabajando durante décadas en un estudio situado muy cerca del centro© Getty Images
Kusama ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio en 1977 y continuó trabajando durante décadas en un estudio situado muy cerca del centro

Su rebeldía quedó especialmente clara en la Bienal de Venecia de 1966, donde, sin representar oficialmente a Japón, instaló 1.500 esferas reflectantes y comenzó a venderlas por dos dólares bajo el lema "Tu narcisismo en venta", hasta que la organización intervino.

La historia acabaría dándole la vuelta: 27 años después, Japón la eligió para representarlo oficialmente en esa misma Bienal.

Su ingreso en un psiquiátrico 

Kusama siguió padeciendo alucinaciones y ataques de pánico. Regresó a Japón en 1973 y en 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, que se convirtió en su hogar. Nunca dejó de crear: trabajaba cada día en su estudio cercano y después regresaba al centro.

Para ella, el arte era una forma de supervivencia. Incluso sus esculturas fálicas nacieron como una manera de enfrentarse al miedo y rechazo que sentía hacia el sexo. En el extremo opuesto estaban sus famosas calabazas, que le transmitían tranquilidad desde niña. "Las calabazas me hablan", llegó a asegurar.

Una gigantesca escultura de Yayoi Kusama presidió París en 2023 con motivo de su colaboración con Louis Vuitton, una muestra de cómo su universo de lunares terminó trascendiendo los museos y conquistando también la moda© Getty Images
Una gigantesca escultura de Yayoi Kusama presidió París en 2023 con motivo de su colaboración con Louis Vuitton, una muestra de cómo su universo de lunares terminó trascendiendo los museos y conquistando también la moda

¿Qué fue de su obra? 

Tras décadas alejada de los grandes focos, a finales de los ochenta comenzó el reconocimiento que tanto había tardado en llegar. Sus Infinity Mirror Rooms, creadas en los años sesenta, se convirtieron medio siglo después en un fenómeno mundial: millones de personas hicieron cola para fotografiarse entre sus luces y reflejos en plena era de Instagram.

Sus calabazas se volvieron iconos, colaboró con Louis Vuitton La artista que durante años permaneció en los márgenes había conquistado al mundo.

Kusama nunca cambió aquello que veía para adaptarse a los demás. Transformó sus alucinaciones en arte, sus miedos en un lenguaje propio y su infinito en un lugar al que millones quisieron entrar.

Durante décadas estuvo adelantada a su tiempo. Hasta que, finalmente, el mundo la comprendió.