Miles de bebés consumieron menos azúcar. Lo que ocurrió décadas después sorprendió a los investigadores

Miles de bebés consumieron menos azúcar. Lo que ocurrió décadas después sorprendió a los investigadores

Suena a excusa de abuela: "Cuando yo era niño no había azúcar y mira qué sanos estábamos". Pero un nuevo estudio encuentra resultados que recuerdan a una parte de esa intuición, y todo gracias a un episodio histórico que nadie planeó como experimento: el racionamiento de alimentos en el Reino Unido durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

El experimento natural del azúcar

El contexto que hizo posible todo aquello se remonta a 1940. Con las rutas de abastecimiento británicas amenazadas por la guerra, el Gobierno implantó un sistema de racionamiento que alcanzó a numerosos alimentos de consumo cotidiano, incluido el azúcar.

La restricción se prolongó durante años después de terminada la guerra y no se levantó hasta septiembre de 1953. Entonces, el consumo medio de azúcar prácticamente se duplicó. Ese cambio brusco creó, sin buscarlo, una situación excepcional para los investigadores. La consecuencia fue que cohortes prácticamente consecutivas tuvieron niveles muy diferentes de exposición al azúcar durante una etapa temprana del desarrollo.

Esa circunstancia fue la que aprovecharon los economistas de la salud Chen Zhu, de la Universidad Agrícola de China, y Weilong Zhang, de la Universidad de Cambridge, para analizar los datos de 64.761 personas nacidas en Gran Bretaña entre 1951 y 1956. La información procedía del UK Biobank, una extensa base de datos que sigue la salud de sus participantes durante décadas. El trabajo se publicó en la revista PNAS.

Londres, 1943. Niños juegan a refugiarse de los bombardeos, una escena cotidiana de la guerra que marcó su infancia.
Londres, 1943. Niños juegan a refugiarse de los bombardeos, una escena cotidiana de la guerra que marcó su infancia.Imagen: piemags/IMAGO

La comparación se centró en los primeros 1.000 días de vida, desde la concepción hasta el segundo cumpleaños. Es un periodo en el que el metabolismo, los órganos y el sistema inmunitario todavía se están desarrollando y en el que también empiezan a formarse las preferencias alimentarias. En la práctica, los nacidos antes del fin del racionamiento acumularon más tiempo con el azúcar limitado durante esos primeros 1.000 días; los nacidos después, menos.

Azúcar temprano y riesgo de cáncer

Décadas más tarde, las diferencias eran notables. Según los resultados del estudio, los datos mostraron una relación consistente. Una mayor exposición al racionamiento durante esos primeros 1.000 días se asociaba con una menor incidencia posterior de cinco tipos de cáncer. La reducción alcanzaba el 69 % en la categoría de cáncer de hígado y conductos biliares intrahepáticos, el 52 % en el de próstata, el 41 % en el de pulmón, el 40 % en el de recto y el 36 % en el de mama. Y esas diferencias no se hicieron visibles hasta mucho después de que las restricciones hubieran desaparecido.

El estudio encontró además señales de un envejecimiento biológico más lento. Para buscar indicios de ese proceso a nivel celular, los investigadores se fijaron en los telómeros, unas estructuras de los cromosomas cuya longitud tiende a reducirse con la edad. Quienes habían estado más expuestos al racionamiento durante esa etapa presentaban telómeros más largos, una diferencia que, según explica Zhang en The Conversation, equivaldría a unos 2,2 años menos de envejecimiento biológico. También mostraban niveles más bajos de granzima B, otro marcador relacionado con la actividad del sistema inmunitario.

Gran Bretaña, 1946. La ración semanal incluía 8 onzas de azúcar –unos 227 gramos– por persona, dentro del sistema que décadas después serviría como experimento natural.
Gran Bretaña, 1946. La ración semanal incluía 8 onzas de azúcar –unos 227 gramos– por persona, dentro del sistema que décadas después serviría como experimento natural.Imagen: Gemini Collection/IMAGO

Una huella que dura décadas

Pero quizá el hallazgo más sorprendente no tenga que ver directamente con el cáncer ni con el envejecimiento, sino con algo mucho más cotidiano. Las diferencias aparecían también en la forma de comer en la edad adulta. Medio siglo más tarde, quienes habían estado más expuestos al racionamiento durante sus primeros 1.000 días mostraban un menor consumo de azúcar y una pauta alimentaria que, en conjunto, era más moderada, saludable y diversa. Los resultados son compatibles con la idea de que la exposición temprana a sabores menos dulces esté relacionada también con esos hábitos posteriores.

Los investigadores plantean que ambos fenómenos podrían estar conectados. Zhang explica en The Conversation que parece haber una vía biológica, porque la nutrición temprana puede influir en el desarrollo del metabolismo, los órganos y el sistema inmunitario, y otra conductual, relacionada con unas preferencias gustativas que empiezan a formarse muy pronto y pueden mantenerse durante décadas.

Los resultados se suman a investigaciones anteriores que ya habían aprovechado el mismo episodio histórico. Esos trabajos habían relacionado una mayor exposición al racionamiento de azúcar durante la infancia con un menor riesgo posterior de diabetes tipo 2 e hipertensión. Otros estudios encontraron también un menor riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer, así como de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.

Niños pequeños en un refugio antiaéreo, una imagen de la generación cuya primera infancia transcurrió bajo las restricciones de la guerra.
Niños pequeños en un refugio antiaéreo, una imagen de la generación cuya primera infancia transcurrió bajo las restricciones de la guerra.Imagen: United Archives International/IMAGO

¿Causa o casualidad?

Que distintos estudios encuentren asociaciones parecidas a partir del mismo episodio histórico refuerza el interés de los resultados, pero no elimina todas las dudas sobre causalidad. En este caso, el fin abrupto del racionamiento permitió a los autores tratar la situación como un experimento natural y hablar de "evidencia causal".

Aun así, no se trata de un ensayo controlado. Entre aquella exposición temprana y los resultados observados décadas después pueden intervenir otros factores. Por eso, el estudio no demuestra que el azúcar consumido antes de los dos años determine por sí solo la salud futura.

Lo que sí sugieren los datos es que la exposición al azúcar durante una etapa especialmente sensible del desarrollo podría tener consecuencias a largo plazo. Eso no implica eliminar por completo el azúcar de la dieta infantil ni convertir el racionamiento de posguerra en un modelo nutricional.

La comparación histórica resulta especialmente llamativa por otro motivo. Según Science Alert, los niveles de consumo de azúcar bajo el racionamiento eran comparables a los que hoy recomienda la Organización Mundial de la Salud. Eso sitúa aquella restricción en un contexto menos extremo de lo que podría sugerir la palabra "racionamiento" y ayuda a entender por qué sus efectos siguen siendo relevantes para el debate actual sobre el consumo de azúcar en las primeras etapas de la vida.