La frase de José Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura, que te inspirará en los momentos difíciles: "La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva"
A veces, aquello que interpretamos como una derrota solo es el nombre que damos a un momento que todavía no sabemos cómo leer. Un proyecto que no sale como esperábamos, una decisión que resulta equivocada o un objetivo que se resiste puede dejar una sensación de fracaso, pero también abrir una posibilidad que hasta entonces no habíamos contemplado. Porque rendirse, equivocarse o cambiar de rumbo no siempre significa perder, sino que, en casi todas las ocasiones, puede ser precisamente el comienzo de una nueva etapa.
Reconocerlo implica cambiar la mirada sobre aquello que no ha funcionado. Como el escritor portugués José Saramago (Portugal, 1922) sentenció en su día, "La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva". El autor, fallecido en 2010, fue uno de los grandes escritores de la literatura portuguesa contemporánea. Autor de novelas como Ensayo sobre la ceguera, El evangelio según Jesucristo o Las intermitencias de la muerte, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1998. Su obra, marcada por la reflexión sobre el ser humano y la sociedad, también estuvo atravesada por una mirada crítica hacia las certezas y las verdades que damos por inamovibles.
Así, siguiendo la misma filosofía del escritor, en lugar de entender el error como una prueba de que no somos capaces, podemos ver cada error como una señal que permite descubrir qué necesitamos modificar. La psicóloga María Orosan lo resume así: "Considero que tanto la vida como la ciencia evolucionan gracias al ensayo-error, sin errores no hay avances. Por tanto, es necesario equivocarse para saber que ‘por aquí no es’". Una idea que conecta directamente con la reflexión de José Saramago, donde ambos reafirman que, una derrota no tiene por qué ser definitiva si todavía puede convertirse en aprendizaje.
Equivocarse puede ser el empujón definitivo para avanzar
Puede que te haya pasado alguna vez. Has dejado un trabajo y poco después ha aparecido algo mejor. Tu expareja puso fin a la relación, pero te diste cuenta de que sola estabas mejor, o esa estafa en la que caíste fue la que te enseñó a revisar bien los contratos la próxima vez. Es así: la vida nos pone a prueba para que aprendamos a superar obstáculos.
Sin embargo, cuando esto sucede, la primera dificultad consiste precisamente en aceptar que no siempre acertamos. Ante un error, es habitual que aparezcan la culpa, la frustración o la sensación de haber tomado una mala decisión. Sin embargo, aprender de lo ocurrido requiere primero dejar de castigarnos por ello. "Reconocer nuestros errores nos ayuda a identificarlos y a aprender de ellos. Nos permite convertirnos en mejores personas", explica María Orosan. Y añade: "Primero tenemos que aprender a aceptarnos incondicionalmente, con nuestros aciertos y nuestros errores. No hay personas perfectas y todos nos equivocamos".
Desde esa aceptación es posible hacer algo que resulta mucho más útil que quedarse atrapado en el reproche: revisar lo sucedido. La experta habla de una autocrítica que no busca machacarnos, sino entender qué podemos hacer diferente la próxima vez. "Una vez que nos quitamos el peso de la no aceptación, el siguiente paso sería hacer autocrítica, pero no una crítica de machacarse a uno mismo, sino una crítica constructiva, no desde la culpa, sino desde la pregunta: ‘¿Hay algo que pueda hacer al respecto?’", señala. La respuesta no siempre estará en nuestras manos, pero incluso entonces puede existir una manera de reparar, pedir perdón o extraer una enseñanza.
No todo tiene que salir tal y como esperábamos
Aceptar que una experiencia puede contener emociones contradictorias también forma parte de ese proceso. Una derrota puede convivir con alivio; empezar de nuevo, con miedo; abandonar un camino, con ilusión. No es necesario resolver todas esas sensaciones antes de tomar una decisión. Como señala Ananda Ceballos, doctora en Filosofía, psicóloga, experta en mindfulness y colaboradora de Petit BamBou (petitbambou.com), propósito de las emociones que surgen con la vuelta a la rutina en la rentrée, "el problema no es sentir emociones contradictorias. Lo verdaderamente importante es aprender a convivir con ellas sin dejar que sean ellas quienes tomen nuestras decisiones".
Quizá ahí se encuentre una de las lecturas más interesantes de la frase de José Saramago. Una derrota no tiene por qué convertirse en una etiqueta ni determinar lo que sucederá después. Puede ser una pausa, una advertencia o incluso una oportunidad para descubrir que el camino que seguíamos ya no era el que necesitábamos. A veces, cambiar de dirección no significa haber fracasado, sino haber entendido algo que antes no sabíamos. La clave, por tanto, no está en buscar una lectura positiva de absolutamente todo lo que ocurre, sino en preguntarnos qué podemos hacer con aquello que ha sucedido. Equivocarnos puede enseñarnos por dónde no seguir, y aceptar que algo no ha salido como esperábamos puede ser el primer paso para construir una alternativa. La derrota, como apuntaba Saramago, no es definitiva mientras la historia siga escribiéndose.



