La desesperanza no es opción: Angela Davis
Angela Davis, icono global de la lucha por los derechos civiles, el antirracismo y el feminismo, ofreció ayer una conferencia magistral ante una abarrotada Sala Miguel Covarrubias, acompañada de la académica y activista Gina Dent, como parte de la VIII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI).
En el diálogo magistral “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, ambas abordaron los vínculos entre feminismo, justicia social y abolicionismo. Davis planteó la abolición como una vía para cuestionar la violencia, la desigualdad y las estructuras de poder que sostienen el sistema penitenciario, y para imaginar alternativas centradas en la justicia y la transformación social.
Desde las seis de la mañana, estudiantes y público llegaron a Ciudad Universitaria para ocupar un lugar en una de las actividades más esperadas de la FILUNI. El encuentro reunió a dos de las autoras de “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, escrito junto con Beth E. Richie y Erica R. Meiners.
Desde el inicio, la conversación se alejó de la idea de la abolición como el cierre de las cárceles. “Abolir significa preguntarse por qué llegamos a depender de las cárceles y, sobre todo, qué sociedad podemos construir cuando dejamos de considerarlas una respuesta inevitable”, dijo Davis.
La discusión también se dirigió al feminismo carcelario y a la idea de que la violencia contra las mujeres puede resolverse mediante más policía, castigo y encarcelamiento, una respuesta que puede reproducir las estructuras que pretende combatir.
Davis recordó que estuvo encarcelada durante los años 70, acusada de tres crímenes capitales y sentenciada a muerte, y que su liberación fue posible gracias a una campaña internacional. Esa experiencia se convirtió en parte de su crítica al sistema penitenciario y a sus vínculos con el racismo, la esclavitud, el colonialismo y el capitalismo racial.

“La abolición, en ese sentido, es una propuesta mucho más amplia, la de transformar las estructuras que producen desigualdad y no solamente reformar las instituciones que administran sus consecuencias”, insistió.
Ante una pregunta sobre el avance del antifeminismo, las campañas antigénero y los movimientos autoritarios, Davis habló de la esperanza y de la acción política. “Como parte del feminismo abolicionista, la desesperanza no es una opción”, puntualizó. Recordó haber crecido en Birmingham, Alabama, una ciudad profundamente segregada, y a las mujeres negras que durante la esclavitud enseñaban a leer y escribir aun sabiendo que podían perder la vida. “Nosotras somos una manifestación de esa esperanza de aquel tiempo…El primer trabajo del activismo radical es generar esperanza. Es persuadir a la gente de que un mundo mejor es posible”, dijo.
Dent retomó esa idea: “La esperanza es algo que tenemos que trabajar para construir”. También cuestionó la circulación de ideas que ha privilegiado al Norte Global: “no todo tiene que viajar del Norte Global hacia el Sur; en algunos casos, un diálogo Sur-Sur puede resultar más importante”. Para ella, el feminismo abolicionista debe escuchar las experiencias de las personas encarceladas, perseguidas por sus ideas o activismo y de quienes viven distintas formas de marginación.
Finalmente, Dent advirtió que no toda reforma debilita al sistema carcelario, pues algunas pueden ampliarlo. Davis dedicó unas palabras a Palestina, a la que definió como una dimensión central de la resistencia.
Previo al encuentro, jóvenes que aseguraron estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras se subieron al escenario durante casi 20 minutos con pancartas para hacer demandas sobre un compañero, ante una Sala que les exigió que permitieran que la conferencia diera inicio. Tras la intervención de Rosa Beltrán, coordinadora de Cultura UNAM, se retiraron.
AZANETH CRUZ
EEZ