Juan José álvarez Arjona, director pedagógico: "Más que enseñar a los niños simplemente a sacar buenas notas, tenemos que enseñarles a organizarse para aprender"
Con el arranque del nuevo curso, las familias ponen el foco en dos grandes deseos: que sus hijos estén felices en el centro escolar y, por supuesto, que consigan buenas notas. Para entender mejor este segundo objetivo, hablamos con Juan José Álvarez Arjona, psicopedagogo y director del Colegio Brotmadrid, que nos ayuda a responder a una pregunta clave: ¿cómo pueden los padres enseñar en casa a niños y adolescentes a organizarse desde el primer día para que el curso vaya muy bien académicamente? Sin embargo, antes de entrar en materia, Álvarez Arjona introduce un matiz que cambia por completo la mirada: no se trata de enseñar a organizarse para sacar buenas notas, sino para aprender de verdad. Las calificaciones, por tanto, llegan después, como consecuencia natural de ese aprendizaje profundo.
Entonces, ¿cómo se hace? ¿Cómo acompañar a los hijos, desde el primer día de clase, para que construyan una organización que les permita aprender y avanzar? El pedagogo desgrana las claves en esta entrevista.
Una agenda no debería convertirse en otra tarea que el niño tiene que 'cumplir', sino en una herramienta que le ayuda a tener el control de lo que tiene que hacer.
¿Cómo ayudar a los niños a seguir una buena organización desde el primer día de cole para facilitar que saquen buenas notas todo el curso?
Más que enseñarles simplemente a 'sacar buenas notas', tenemos que enseñarles a organizarse para aprender. En algunos niños este proceso se desarrolla de manera bastante natural porque sus funciones ejecutivas —planificación, organización, gestión del tiempo, memoria de trabajo o capacidad para iniciar una tarea— están suficientemente maduras. Pero no todos los niños tienen el mismo ritmo de desarrollo.
De hecho, estamos encontrando cada vez más alumnos a los que estas habilidades todavía les cuestan. Y aquí es fundamental no interpretar esa dificultad como falta de interés, pereza o falta de responsabilidad. Las funciones ejecutivas también se desarrollan y se entrenan.
Al comienzo del curso, el adulto tiene un papel muy importante: acompañar al niño y enseñarle cuáles son las preguntas que debe hacerse para organizarse. "¿Qué tengo que hacer?", "¿qué necesito?", "¿por dónde empiezo?", "¿cuánto tiempo voy a necesitar?", "¿cómo voy a saber que lo he terminado?". Al principio, esas preguntas no surgen espontáneamente en todos los niños. Tenemos que hacerlas nosotros, una y otra vez, hasta que el alumno las vaya interiorizando.
También podemos utilizar apoyos visuales, pequeñas chuletas o listas de comprobación que le recuerden esos pasos. La finalidad no es que el niño dependa de ellas, sino que le sirvan de andamiaje hasta que pueda hacer ese proceso mental por sí mismo.
Con modelo Helix damos mucha importancia a que el alumno sea protagonista de su aprendizaje. Por eso, entendemos la autonomía precisamente así: no consiste en decirle 'organízate', sino en darle las herramientas, el acompañamiento y los apoyos que cada niño necesita según sus características, para que, progresivamente, pueda organizarse solo, tomar decisiones y asumir responsabilidades. El objetivo final es retirar esos apoyos cuando ya no le sean necesarios.
¿Cuál es el papel de las rutinas en esa organización y cuáles son los hábitos diarios imprescindibles para ello?
Las rutinas aportan seguridad y estructura, y liberan recursos cognitivos que el niño puede dedicar a lo realmente importante: aprender. Cuando determinadas acciones se convierten en hábitos, dejamos de gastar energía en decidir constantemente qué tenemos que hacer.
No hace falta llenar la tarde de actividades. Es preferible establecer unas rutinas sencillas y sostenibles: dormir las horas necesarias, levantarse y acostarse aproximadamente a la misma hora, preparar el material, revisar las tareas pendientes y disponer de un espacio adecuado para el trabajo.
También es muy importante incorporar momentos de descanso, juego y movimiento, claves en su crecimiento. Desde nuestra perspectiva, el desarrollo cognitivo no puede separarse del desarrollo físico, emocional y social. Porque con modelo Helix, en Brotmadrid miramos al alumno de una manera global: aprender no consiste únicamente en acumular contenidos, sino en desarrollar también competencias personales, sociales y emocionales.
¿Cómo recomendaría enseñar a un niño a usar la agenda o el planificador sin que lo vea como una obligación pesada?
Lo primero es darle sentido. Una agenda no debería convertirse en otra tarea que el niño tiene que 'cumplir', sino en una herramienta que le ayuda a tener el control de lo que tiene que hacer. Podemos empezar acompañándole: "Vamos a ver qué tenemos para mañana y a decidir qué necesitas preparar". Poco a poco, el adulto debe retirarse y dejar que sea el niño quien consulte, anote, planifique y compruebe, al fin, que se responsabilice.
También funciona muy bien relacionarlo con situaciones de su vida cotidiana. Los niños planifican constantemente cuando preparan una excursión, organizan un juego o deciden qué necesitan para hacer algo que les interesa. La idea es trasladar esa capacidad al ámbito escolar.
En definitiva, no buscamos que el niño dependa de la agenda, sino que aprenda a utilizar herramientas que le permitan ser cada vez más autónomo.
¿Qué técnicas de gestión del tiempo funcionan mejor en primaria y cuáles en secundaria?
En Primaria necesitamos trabajar fundamentalmente la noción y la conciencia del tiempo. Los niños todavía están desarrollando sus funciones ejecutivas, por lo que funcionan mejor objetivos pequeños y concretos: dividir una tarea grande en pasos, utilizar tiempos cortos de trabajo y descanso, preparar previamente el material o visualizar qué vamos a hacer antes de comenzar. Por ejemplo, en lugar de decir "ponte a estudiar", podemos concretar: "Primero vamos a leer y a comprender este apartado, después hacemos lo que nos pide y al terminar revisamos cómo lo hemos hecho".
En Secundaria podemos avanzar hacia herramientas más autónomas: planificación semanal, priorización de tareas, división de trabajos largos en diferentes sesiones, establecimiento de objetivos y revisión del propio rendimiento. Aquí adquiere especial importancia la metacognición, es decir, que el alumno aprenda a preguntarse: "¿Cómo estoy trabajando? ¿Qué me está funcionando? ¿Qué puedo cambiar?". La clave en ambos casos es que la estrategia se adapte al alumno y no al revés. La individualización es precisamente una de las señas de identidad del modelo Helix.
No queremos niños perfectamente organizados porque un adulto está permanentemente detrás de ellos. Queremos niños que poco a poco puedan decir: "Sé qué necesito para organizarme y sé qué puedo hacer cuando me cuesta"
¿Cómo pueden las familias fomentar la autonomía sin caer en el control excesivo ni en la dejadez?
Hay una frase que resume muy bien lo que buscamos: acompañar sin sustituir. La autonomía no significa que el adulto desaparezca, sino que va modificando su papel a medida que el niño adquiere herramientas.
Y hay una pregunta que puede ayudarnos mucho: "¿Qué necesitas tú para poder organizarte?". La respuesta puede ser diferente para cada niño y, a veces, incluso sorprendente. Quizá necesita una lista visible, un dibujo, una alarma, una nota en la mesa o algo tan sencillo como "un post-it verde en la frente". Pues pongamos el post-it verde. Lo importante es que el niño sea parte de la solución. No se trata de imponerle cómo tiene que organizarse, sino de ayudarle a descubrir qué apoyos le funcionan y facilitarle que pueda utilizarlos. De esta manera, el apoyo deja de ser algo que viene exclusivamente del adulto y empieza a convertirse en una herramienta que el propio niño identifica y utiliza.
Podemos proporcionarle preguntas, listas de comprobación, recordatorios o apoyos visuales que hagan visibles procesos que todavía no es capaz de realizar espontáneamente. Con el tiempo, esos apoyos se van retirando porque el objetivo no es que dependa de ellos, sino que acabe incorporando esas estrategias como propias.
En definitiva, no queremos niños perfectamente organizados porque un adulto está permanentemente detrás de ellos. Queremos niños que poco a poco puedan decir: "Sé qué necesito para organizarme y sé qué puedo hacer cuando me cuesta". Esa es una autonomía mucho más real. Porque autonomía no significa dejar al niño solo. Significa ofrecerle el apoyo que necesita en cada momento y retirarlo progresivamente a medida que adquiere competencia y seguridad.
Con modelo Helix entendemos precisamente al profesor como guía y acompañante del proceso, no como alguien que hace el camino por el alumno. No es el profesor el que enseña, es el alumno el que aprende.
¿Qué señales debería observar una familia en las primeras semanas para saber si la organización está funcionando?
Es interesante observar cómo está afrontando el niño el día a día escolar. Algunas señales positivas son que sabe qué tiene que hacer, encuentra sus materiales, empieza las tareas con menos resistencia, necesita menos recordatorios, es capaz de anticipar lo que va a necesitar o reconoce cuándo algo no le está funcionando y pide ayuda.
También debemos observar su estado emocional. Un niño que está progresivamente más seguro, que acepta mejor los errores y que percibe que puede afrontar las tareas está desarrollando herramientas importantes para su aprendizaje.
Por el contrario, si vemos olvidos constantes, una gran dependencia del adulto, frustración frecuente, rechazo sistemático a las tareas o una sensación permanente de "no puedo", conviene detenerse y preguntarnos qué está ocurriendo. No siempre es falta de esfuerzo; a veces lo que falta es una estrategia adecuada o un ajuste a sus necesidades.
¿Cómo se puede motivar a un niño para que mantenga la constancia cuando la novedad del inicio de curso desaparece?
La motivación no puede depender de que el niño tenga ganas todos los días. La constancia se construye cuando el niño encuentra sentido a lo que hace, percibe que progresa y desarrolla herramientas para superar las dificultades. Por eso es importante reconocer el proceso, no solamente el resultado. En lugar de centrarnos exclusivamente en "has sacado un 8", podemos valorar "has encontrado una manera de organizarte que te ha permitido terminar el trabajo" o "la semana pasada necesitabas ayuda y esta semana has conseguido hacerlo solo".
En Brotmadrid damos mucha importancia a que el alumno experimente el aprendizaje como algo significativo, conectado con la realidad y con sus intereses. El objetivo es que aprenda y disfrute haciéndolo, y que pueda valorar sus propios progresos.
Y, por supuesto, hay días en los que no apetece. También eso forma parte del aprendizaje: enseñar a un niño a continuar cuando algo cuesta es mucho más útil que intentar conseguir que siempre tenga ganas de hacerlo.
¿Qué errores suelen cometer las familias al intentar organizar el curso y cómo evitarlos?
Uno de los errores más habituales es querer organizarlo absolutamente todo: horarios perfectos, actividades perfectamente planificadas, control de deberes, exámenes, materiales… El riesgo es que acabemos organizando el curso del niño, pero no enseñándole a organizarse.
Otro error es comparar. Cada niño tiene un ritmo, unas fortalezas y unas necesidades diferentes. En Brotmadrid, con nuestro modelo partimos precisamente de esa mirada individual: conocer al alumno para tomar las decisiones educativas adecuadas.
También es frecuente intervenir demasiado tarde. Cuando aparecen dificultades mantenidas, conviene no esperar a que el problema se haga grande. Y, finalmente, debemos evitar asociar organización con rendimiento exclusivamente. Organizarse no sirve solo para sacar mejores notas: sirve para ganar autonomía, seguridad, capacidad de decisión y confianza en las propias posibilidades.
Al final, lo que buscamos desde el colegio y desde la familia es lo mismo: que el niño pueda pasar de "¿qué tengo que hacer?" a "sé lo que tengo que hacer y sé cómo puedo hacerlo". Ese paso, aunque parezca pequeño, supone un enorme avance hacia la autonomía y el aprendizaje para la vida, que es uno de los principios fundamentales de nuestro modelo Helix.

