¿Harry Kane, Balón de Oro...?
En año de Mundial decide el Mundial. Es un viejo axioma que explica muchas elecciones del Balón de Oro a lo largo de los últimos sesenta años. No siempre ha sido así, pero casi. Y esta vez puede haber casi. Cabe preguntarse: ¿tuvo el Mundial 2026 una figura resaltante que amerite ganar el trofeo solo por lo hecho en Norteamérica…? Huuuuummmm…
España fue un campeón consagrado por lo colectivo antes que por lo individual. Tuvo rendimientos altos en función de equipo. Si deseáramos personalizarlo, la figura sobresaliente fue su organizador y distribuidor Rodri, quien justamente por eso recibió el Balón de Oro del torneo. Pero fue un equipo eficiente, no espectacular. Y ahora se habla del premio anual, que involucra a todas las demás competiciones de la temporada.
Será la quinta edición en la que los galardones se otorgarán en función del rendimiento a lo largo de la temporada europea, comprendida entre el 1 de agosto de 2025 y el 31 de julio de 2026, en lugar del año calendario. Todo lo que se haga fuera de esas fechas no se debe computar. Detalle: sobre 100 votantes, 41 son europeos. Esto inclina la balanza definitivamente hacia alguien de ese continente. Y el eurocentrismo es muy fuerte. En su ideario lo único valedero es Europa.
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El Balón 2026 se entregará el 26 de octubre y en estos próximos cincuenta días se debatirá ampliamente el tema. La gala tendrá por primera vez lugar en Londres y tal vez premie a un hijo de ese suelo: Harry Kane. El centrodelantero surgido en el Tottenham presenta una tarjeta insuperable: 73 goles, 61 en el Bayern Munich y 12 en la selección inglesa. Una cifra de fábula. A ello le suma 8 asistencias. Ganó el triplete en Alemania (Bundesliga, Copa Alemana y Supercopa), fue semifinalista de Champions y tercero en el Mundial, en el que marcó 6 tantos. Todo ello realzado porque no es un simple finalizador, merced a su técnica, pegada e inteligencia orquesta maniobras de ataque, hace jugar a los delanteros y volantes que lo rodean. Un cabeza de área fantástico, muy similar a Karim Benzema. No está solo para empujarla.
En solo tres años Harry ya figura entre los seis fichajes históricos del Bayern junto con Lewandowski, Neuer, Ribery, Kimmich y Robben. Tan favorito que casi todas las casas de apuestas lo sitúan primero pagando 1,61 euros por cada uno apostado. De haber alzado Champions o Mundial hubiese ganado 100 a 0. Condecorar al magnífico jugador inglés sería reconocer toda la temporada antes que un torneo en especial.
La contra de Harry es ser un silencioso, un cero marketing, no tiene un Florentino Pérez detrás que fogonee su candidatura ni un grupo de medios que lo palanquee. El Bayern no hace esas cosas.
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Será la quinta edición en la que el galardón se otorgará en función del rendimiento a lo largo de la temporada europea, comprendida entre el 1 de agosto de 2025 y el 31 de julio de 2026, en lugar del año calendario. Y votarán 100 periodistas, representantes de los 100 primeros países del Ranking Mundial de la FIFA.
Segundo en las valoraciones está Lamine Yamal, de juego más luminoso por habilidad y uno contra uno. También impacta por juventud (19 años). Paga 3,75 por cada euro. El zurdo ganó la Liga y la Supercopa españolas, no desentonó en Champions, pero sí en el Mundial, aunque se coronó. Lo reconoce el propio Maldini, analista madrileño de prestigio: “Lamine no hizo un gran Mundial a pesar de ganarlo. Aunque el hecho de ser campeón del mundo hace que su participación no se valore de forma tan negativa como podría esperarse, pues no fue brillante”. Claro que lo que se espera de un Balón de Oro es justamente que haya sido brillante.
Rodri fue merecido ganador de la estatuilla en el Mundial, pero ¿dos premios por su impecable desempeño en la Copa del Mundo…? ¿No es suficiente ya con el que le dieron en Estados Unidos…? Pareciera que sí. Su influencia es enorme en los equipos, aunque su recorrido no pasa del círculo central. No anotó goles ni asistió en la Copa del Mundo, aunque fue el desahogo de sus diez compañeros, un capitán cerebral, de buen pie, que atesora la pelota y le da siempre buen destino. Un símil de Busquets sin el brillo de Busquets. Rodri ganó la Copa Inglesa y la Copa de la Liga con el Manchester City, además del Mundial, por supuesto.
“Es obvio que el ganador debe ser un jugador del Paris Saint Germain”, declaró Luis Enrique. Ocurre que con el PSG acontece lo que con la España campeona del mundo: fue más valioso el conjunto que las individualidades. Destacó mucho el georgiano Khvicha Kvaratskhelia, quinto en la consideración y que paga 9 euros en las apuestas. Hizo una Champions notable, anotó 10 goles y ganó el título, también la liga y la Supercopa de Europa, pero no jugó el Mundial y eso lo demerita. No obstante, es muy valorado y va a sumar votos.
“Mbappé apunta al Balón de Oro”, tituló AS el 28 de agosto. AS impulsa a un futbolista extranjero antes que a un campeón del mundo español. Orden directa del Real Madrid. AS es virtualmente un house organ del club madrileño y el Madrid no tuvo ningún jugador en la Roja campeona. Además, después de dos temporadas en blanco, necesita un reconocimiento, una distinción, algo. “El Balón de Oro no tiene que ser un jugador que haya ganado títulos ni Champions ni Mundial”, dijo José Mourinho en una bochornosa declaración, promoviendo a Mbappé sin nombrarlo. Pero el reglamento del Balón de Oro contempla tres requisitos: 1) Rendimiento individual y carácter decisivo/impresionante. 2) Rendimiento colectivo y títulos conseguidos. 3) Clase y juego limpio.
Mbappé marcó 58 goles en la temporada, no obstante quedó la impresión de que la inmensa mayoría fueron goles estériles, no sirvieron para ganar ningún partido decisivo. Pero lo que más lo debilita es que disputó cinco torneos y no ganó ninguno: Liga, Copa del Rey, Supercopa de España, Liga de Campeones y Mundial. Fue el goleador de la Champions, aunque con una actuación tan opaca que el Grupo de Estudio Técnico de la UEFA no lo incluyó en su once ideal. Sus números son buenos, no convence su juego. Figura en cuarto lugar.
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Si fuera solo por conquistas, el vencedor debería ser Fabián Ruiz, campeón mundial, de Champions, de Supercopa Europea y de la liga francesa. Impresionante. Es un volante laborioso, solidario (y buen hijo y buen padre), ha tenido un año encomiable, valioso, le falta la luminosidad, la espectacularidad que requiere un trofeo que consagra como “mejor del mundo”.
Luego figuran nombres sin mayor sentido, como Bellingham o Vinícius (ninguno ganó nada y ni siquiera tuvieron un año destacable), Cubarsí, de meritoria actuación mundialista pero que no da para semejante nominación, Dembélé, de correcto desempeño.
Por último, está Messi, autor de 45 goles y 30 asistencias (¡a los 39 años…!) y ganador de un torneo, la Leagues Cup. Pero en el caso de Leo, los goles son apenas un detalle, lo relevante es su juego maravilloso, la genialidad que imprime a cada acción. Fue la estrella rutilante del Mundial a la edad en que la mayoría disfruta de una jubilación de oro. Corre de atrás, aunque no se lo debería desestimar. Desterró aquello que deslumbrar en la MLS no cuenta, no sirve. Es por mucho el mejor jugador del mundo por una razón simple: lo que él hace nadie más lo puede hacer. (O)


