¿Vivir rodeado de color o dejarlo solo para pequeños detalles? Este apartamento en el barrio de Imperial, en Madrid, demuestra que una paleta atrevida también puede ser funcional, luminosa y sofisticada.
Alessio Lamarca y Marta Ciabattini transformaron un piso de los años 60, deteriorado y muy compartimentado, en una vivienda abierta de 48 m² donde la cocina, el salón, el pasillo y el baño se ordenan a través del color.
Antes: metros desaprovechados y una casa sin identidad
La vivienda original de la que se parte estaba marcada por la compartimentación, las capas de pintura antigua y una atmósfera poco luminosa. Tenía metros, pero no fluidez.
La reforma consigue justo lo contrario: reducir habitaciones para ganar calidad espacial, abrir la cocina al salón, dar sentido al pasillo y utilizar el color como una herramienta arquitectónica y de estilo.
En este proyecto de Alessio Lamarca y Marta Ciabattini el color no se utiliza solo para decorar, sino para ordenar. El rosa y el coral aparecen para definir zonas, marcar recorridos y dar profundidad al espacio.
La casa no busca una paleta neutra ni convencional, sino una identidad clara: alegre, vital y muy vinculada a la personalidad de su propietaria.
Un salón sencillo para equilibrar una casa muy expresiva
Con una cocina y un pasillo protagonistas, el salón se resuelve de forma más contenida. El sofá, los muebles bajos para vinilos y la pared en blanco roto funcionan como neutralizadores dentro del color del proyecto.
El blanco aquí actúa como un neutro que permite que el coral, el rosa, el azul y la madera respiren. La vivienda mantiene así un equilibrio importante: es colorista, sí, pero no caótica. La colección de vinilos y los objetos personales refuerzan la idea de una casa vivida, no de un interior pensado solo para la foto.
En esteapartamento de solo 48 m²Alessio Lamarca y Marta Ciabattini tenían claro quecada decisión cuenta. Por eso, la barra de la cocina no se diseñó como una isla rectangular convencional, sino con una geometría curva que aligera el paso.
Esta solución suma una zona para desayunar, trabajar o recibir sin invadir el vestíbulo de entrada. La curva evita esquinas duras y hace que el recorrido sea más fluido. El detalle práctico está en la parte inferior: la barra incorpora una pequeña librería abierta, una solución a medida que aprovecha el volumen.
Antes: una cocina independiente, estrecha y con poca luz
La cocina original era independiente, alargada y muy cerrada respecto al resto de la vivienda. Aunque contaba con ventana, la distribución no aprovechaba bien la luz ni permitía una relación cómoda con el salón.
Una cocina abierta que mezcla madera, crema y rosa
La cocina es una de las piezas clave de la reforma. Al abrirla al salón, la vivienda gana sensación de amplitud y luz, pero también una nueva forma de vivir el espacio más social y conectada.
El mobiliario es de la firma Cubro, con una combinación muy medida de acabados: WOOD Nogal, que aporta calidez; LACA Crema, que ilumina y suaviza el conjunto; y LACA Marga, el tono más rosado, que introduce ese punto colorista sin saturar. Frente al rosa, el azul intenso de la lámpara lineal.
La zona de barraorganiza el espacio entre cocina y salón y ofrece una solución de comedor ligera. Ya hemos visto que cuenta con una librería abierta en la base. Esta imagen muestra otro espacio de almacenamiento en rosa que mira hacia el recibidor. En este proyecto, el almacenaje se integra. El resultado es práctico, pero también decorativo.
Antes de la reforma, la vivienda conservaba una distribución propia de los años 60: tres habitaciones, salón, cocina independiente y un baño. El pasillo era estrecho, oscuro y estaba lleno de puertas, lo que hacía que los 48 m² útiles parecieran todavía más pequeños.
El pasillo es una de las grandes decisiones del proyecto. La posición del baño no podía modificarse por razones técnicas, así que Alessio Lamarca y Marta Ciabattini convirtieron esa limitación en una oportunidad.
En lugar de disimular la zona, la transformaron en un paso colorido. El coral envuelve paredes, puertas y techo, creando una transición clara entre la zona de día y la zona de noche. Al fondo queda el dormitorio y a la derecha el acceso al baño con pared de pavés para ganar algo de luz.
El dormitorio baja la intensidad cromática. Aquí dominan los tonos suaves, la luz natural y pequeños acentos de color, como la pieza roja junto a la cama o el aplique con detalle azul. Y es que la zona de descanso necesita otra energía. El espejo redondo amplía visualmente el espacio.
El mobiliario a medida fue fundamental para resolver los condicionantes de una planta pequeña. Los armarios empotrados permiten esconder pilares y volúmenes estructurales.
En el dormitorio principal, la esquina del armario se suaviza con una librería angular abierta y curva. Es un detalle discreto, pero importante en viviendas pequeñas: cuando no sobran metros, las esquinas también cuentan. Los frentes de los armarios son de Cubro en un tono violáceo.
Antes: un baño antiguo y sin relación con el resto de la casa
El baño original estaba completamente desactualizado, con revestimientos antiguos, piezas sanitarias de otra época y una distribución poco atractiva. El nuevo baño se mantiene en su lugar, pero se transforma.
El baño se entiende como un espacio propio dentro de la casa. Aquí se juega con el color azul intenso en el frente del lavabo –en conexión con la lámpara de la cocina–. La pared de pavés permite filtrar luz, mientras que la madera del mueble suaviza el conjunto.