András Baka, un constitucionalista para presidir Hungría en la era post-Orban

András Baka, un constitucionalista para presidir Hungría en la era post-Orban

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El ex presidente del Tribunal Supremo húngaro András Baka, apartado de su cargo durante el Gobierno de Viktor Orban tras enfrentarse a sus reformas judiciales, ha sido elegido este martes presidente de Hungría con 140 votos a favor y seis en contra. Era el único candidato y la votación fue secreta. Fidesz y su socio democristiano KDNP boicotearon la elección, cuyo resultado estaba asegurado por la mayoría de dos tercios de Tisza, el partido gobernante del primer ministro Péter Magyar.

"Esta nación ha perdido el tiempo de una generación", afirmó Baka en su primer discurso ante el Parlamento de Budapest. Hungría, sostuvo, pasó de estar entre los países que encabezaban la transformación democrática de Europa Central a quedar entre los rezagados. Y lanzó una advertencia al nuevo poder: "Un resultado electoral por sí solo no restablece el Estado de derecho".

La elección de Baka devuelve a la más alta institución del Estado, la Presidencia de la República, a uno de los juristas que simbolizaron la batalla por la independencia judicial durante los primeros años de Orban. La reconstrucción democrática exige, dijo, tribunales independientes, elecciones libres, un Tribunal Constitucional eficaz y una esfera pública libre, pero también una cultura política en la que "la crítica no sea traición, la limitación del poder no sea un obstáculo, el adversario político no sea un enemigo y el compromiso no sea una debilidad".

Baka fue igualmente explícito sobre la rendición de cuentas por los años de Orban. Las vulneraciones de la ley deben investigarse y el destino del dinero público esclarecerse, sostuvo, pero trazó una frontera: "Hay algo que ciertamente no podemos hacer: no podemos construir la nueva Hungría sobre la venganza". "El cambio no puede significar que ahora sean otros quienes tengan miedo".

El mensaje adquiere especial relevancia porque Magyar pretende conducir al país hacia una nueva Constitución. Baka recordó que el presidente de la República no tiene poder constituyente, pero advirtió de que la nueva Carta Magna no debería convertirse en instrumento de una sola fuerza política. La garantía democrática, sostuvo, debe ser un orden constitucional que establezca límites al ejercicio del poder y un equilibrio institucional "que ninguna mayoría política pueda alterar".

Magyar ya había anunciado que el nuevo presidente ocupará el cargo hasta la redacción de una nueva Constitución -un proceso que comenzará en otoño-, y que esa reforma podría afectar a las competencias y a la forma de elección del jefe de Estado.

Sus primeras palabras perfilan así una Presidencia con vocación de contrapeso. El contraste resulta significativo con su predecesor, Tamás Sulyok, elegido en 2024 con los votos de Fidesz y considerado próximo al anterior poder. Su mandato terminó anticipadamente el 20 de julio por una reforma constitucional aprobada por la nueva mayoría.

Ahí reside también la paradoja de la elección. Baka conoce por experiencia propia lo que significa que una reforma constitucional ponga fin anticipadamente a un mandato. En 2009, el Parlamento lo eligió presidente del Supremo por seis años y presidente del Consejo Nacional de Justicia. Las disposiciones transitorias de la nueva Ley Fundamental de Fidesz adelantaron su salida al 31 de diciembre de 2011, coincidiendo con la sustitución del Supremo por la nueva Curia.

Baka recurrió a Estrasburgo y ganó. En 2016, la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó que Hungría había vulnerado su libertad de expresión y su derecho de acceso a un tribunal y vinculó el final anticipado de su mandato con sus críticas a las reformas judiciales de Orban. Entre 1991 y 2008 había sido juez de Hungría en el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Su trayectoria convirtió la candidatura en un poderoso símbolo para Tisza, que presentó su experiencia como "un activo importante" para sentar "las bases del nuevo orden constitucional de Hungría". Pero también proporcionó munición a Fidesz. El diario Magyar Nemzet recordó que Baka defendió en 2011 que los mandatos públicos que trascienden los ciclos electorales son "una garantía del Estado de derecho". Ahora acepta suceder a un presidente cuyo mandato también ha sido acortado mediante una reforma constitucional. Los casos no son jurídicamente iguales -Estrasburgo vinculó la salida de Baka a sus críticas al Gobierno-, pero el paralelismo permite a Fidesz acusar a Tisza de recurrir a métodos que durante años reprochó a Orbán.

La reforma impulsada por Magyar va mucho más allá de la Presidencia: modifica los mandatos de los jueces constitucionales y de la cúpula judicial, devuelve competencias al Tribunal Constitucional, elimina el veto presupuestario del Consejo Fiscal y limita a 12 años la permanencia de los diputados. El Gobierno la presenta como una transición hacia una nueva Constitución que pretende someter a referéndum.

Baka llegó a la candidatura después de que Tisza redujera a tres una lista de diez aspirantes. Antes, Magyar había abierto el proceso a propuestas ciudadanas por las que desfilaron nombres como Katalin Karikó, Nobel de Medicina, Ern Rubik, inventor del célebre cubo, o la ajedrecista Judit Polgár, a quien Magyar llegó a proponer y que rechazó la candidatura.