Ana y Antonio, los novios que se inspiraron en la Feria de Jerez para el día de su boda: del vestido con margaritas a la mantilla familiar
Para algunos es la Feria de Jerez; para otros, la Feria del Caballo. Y, para unos pocos afortunados, "ese" lugar mágico en el que empezó a escribirse su historia. Así les sucedió a Ana, una chica de El Puerto de Santa María, y Antonio —más conocido como Valdi—, un chico de Jerez de la Frontera, quienes se encontraron por sorpresa en plena celebración. Fue concretamente en los toros donde coincidieron y donde, sin esperarlo, todo encajó como si se tratara de un clic. Han pasado cuatro años desde aquel encuentro tan especial, aunque Antonio reconoce que desde el principio tuvo la sensación de que, tarde o temprano, terminaría casándose con Ana.
Fue así como, en octubre, justo después de cumplir oficialmente 3 años como novios, dieron el siguiente paso para seguir construyendo su proyecto juntos, formar una familia y poner a Dios en el centro de su unión. Una decisión llena de ilusión en la que el apoyo y la seguridad de su familia, especialmente de sus padres, fueron fundamentales desde el principio.
El vestido con detalles de margaritas: un sueño hecho realidad
A diferencia de muchas chicas, Ana tuvo desde el principio las ideas muy claras. Sabía bien lo que quería para su gran día y, sobre todo, cómo deseaba sentirse mientras caminaba hacia el altar. Con todo ello en mente, recurrió a Nicolás Montenegro para poner el pistoletazo de salida a la confección de su vestido. "Desde el primer momento, me transmitió exactamente lo que buscaba: elegancia, originalidad, confianza absoluta y cercanía", nos confesó la portuense. Junto a su madre, sus hermanas y el diseñador, formó un equipo muy completo durante todo el proceso.
Ana buscaba un vestido atemporal y elegante, pero también con algunos detalles inesperados que le permitieran reflejar su personalidad. Desde la primera visita tenía muy claro tanto el tejido que quería para el velo como la presencia de las margaritas, que terminaron teniendo un papel protagonista en el diseño. Para el resto de los detalles, confió en el criterio del diseñador andaluz y se dejó guiar por su experiencia y visión creativa. "Esa combinación entre tener una idea muy clara y dejarme aconsejar por alguien que conoce tan bien su trabajo hizo que el resultado fuera incluso mejor de lo que había imaginado", asegura la novia.
Un proceso creativo repleto de momentos especiales
Aunque no pudo contar con sus dos hermanas en todas las pruebas, ya que una de ellas vive en Madrid, Ana aprovechó cada oportunidad para compartir con ellas esta etapa. Durante la penúltima cita, a las tres mujeres más importantes de su vida se unió también su ahijada, a quien considera su 'mini yo'. "Compartir ese instante con ella fue un regalo, porque es la niña de mis ojos y me hizo muchísima ilusión verla vivir conmigo una parte tan especial de la preparación de la boda", asegura la novia. Durante todo el proceso, Nicolás Montenegro también tuvo un papel fundamental, no solo por encargarse de dar forma al vestido, sino también por conseguir que Ana se sintiera segura, guapa y empoderada en cada prueba.
Dos en uno: todos los detalles convertibles del atuendo
Después de hacer realidad el vestido de sus sueños, Ana tuvo claro que no quería llevar dos diseños de novia. Estaba tan ilusionada con el resultado que quería disfrutarlo al máximo durante toda la celebración. Por eso, prefirió ajustar el vestido para hacerlo desmontable y poder retirar fácilmente tanto el velo como las mangas. Sin embargo, llegado el momento, no le resultó tan fácil desprenderse de ambas piezas. "Me dio tanta pena quitarme las mangas, igual que me pasó con el velo, que al final no lo hice hasta después del baile con mi padre y con Valdi", confiesa.
Sí, a los complementos y accesorios llenos de historia
Para terminar de dar forma al look nupcial, la novia escogió varios accesorios que, más allá de completar el estilismo, tenían un valor sentimental. Los zapatos de Latouche, un regalo de su madre, fueron un auténtico flechazo y resultaron tan cómodos que pudo llevarlos durante toda la celebración. También pertenecían a ella los pendientes de aguamarinas que ya había lucido durante su pedida, mientras que junto a ellos llevó el anillo de compromiso que le regaló Valdi.
También tuvieron un lugar especial la mantilla familiar, la misma con la que se habían casado sus hermanas; el velo, regalado por una de sus mejores amigas, y el abanico creado por su suegra, Meme Narbona, quien hizo realidad ese diseño sencillo y veraniego que la novia tenía en mente. El ramo fue obra de su amiga Alba, al frente de Can Garoo, quien combinó nardos, anémonas blancas, ammi majus y allium en una composición elegante y natural. Su suegra confeccionó, además, la cinta que lo envolvía, bordando en ella la imagen de la Virgen María y los nombres de sus dos ángeles en el cielo. Además, incorporó otra cinta de terciopelo con la medalla de San Judas Tadeo que Antonio también le había regalado el día de la pedida.
Todos los detalles del gran día: de la misa emotiva a la papelería inspirada en la Feria de Jerez
El gran día llegó en junio con una boda de tarde-noche que comenzó en la iglesia de San Mateo, en Jerez de la Frontera, y continuó en la Finca La Carreña. Desde el principio, los novios tuvieron claro que querían una ceremonia religiosa en la que Dios ocupara un lugar central. Además, contaron con don Salvador, su sacerdote y también amigo, para acompañarlos en ese momento tan importante. Tras darse el 'sí, quiero', los recién casados se trasladaron hasta la finca en un Renault 6 que pertenecía al abuelo de Antonio desde hacía más de cuarenta años.
Uno de los instantes más emotivos fue la entrada de la novia, acompañada por sus cuatro sobrinos, mientras sus hermanas y su prima Lucía se encargaban de colocar el vestido y el velo para que pudiera disfrutar de cada segundo. Ya en la celebración, la pareja volvió a hacer un guiño al lugar donde había comenzado todo con una papelería inspirada en la Feria de Jerez y mesas bautizadas con nombres tan especiales como "El Alumbrao", "La Barrilá" o "El Ratón Vacilón". El ambiente terminó de tomar forma durante el cóctel gracias a la música en directo de Reflejos del Sur.
Ana y Valdi decidieron organizar la boda y ocuparse de cada elección, cuidando todos esos detalles con los que querían sorprender a sus invitados. La decoración también quedó en manos de Alba, quien dio forma a la propuesta floral y a la iluminación, consiguiendo que la finca tuviera ese aire elegante, cálido y natural que ambos imaginaban. Para poder disfrutar del gran día junto a sus familias, contaron con Elisa y Maca, de EMEJOTA, quienes estuvieron pendientes de todo desde la llegada a la iglesia hasta bien entrada la madrugada. El equipo se completó con María, su fotógrafa, y Javi, el videógrafo, quienes capturaron cada instante y consiguieron que los novios se sintieran tranquilos durante toda la jornada.
Invitados, detalles y momentos que nunca se olvidan
Entre los invitados se encontraban sus familias y amigos de siempre, además de las creadoras de contenido Isa Ramos y Pipa Porras, unidas a la pareja por vínculos personales. Aunque para los novios resulta difícil escoger un único momento, Ana recuerda con especial emoción su entrada a la iglesia del brazo de su padre al ritmo de una versión instrumental de Todo tiene su fin. La ceremonia guardó, además, otra sorpresa muy especial: los compañeros del novio de la Tuna de Empresariales de Jerez, quienes los acompañaron con su música durante la ceremonia.















